Cuando Martín se levantó ese día domingo de primavera, lo primero que hizo fue levantar la persiana y ver como estaba el cielo. Un sol enorme, y sin nubes cercas, lo encandilo de tal forma que no lo dejo reír de la alegría que tenía.
Había esperado ese día con mucha ilusión y rezó toda la noche para que no lloviera. Ayer a la tarde, había ido con sus padres al centro de la ciudad a comprarse los botines que tanto había deseado y hoy era el día del estreno. Un desayuno rápido y a sacar los botines de la caja para observarlos, sentirles el olor, admirarlos, estirarles los cordones y la imaginación de un gol, no quedaba lejos.
Era el primer partido del campeonato y el Instructor le dijo que iba a jugar, entonces para estar a tono con la situación no quiso olvidarse de nada, por su cabecita de niño solo pedía que estén sus padres, sus abuelos, y ese par luminosos de botines nuevos.
Martín era un niño dócil, familiero, buen alumno y compañero de escuela, miraba mucho futbol e imitaba mucho en las prácticas lo que veía en la televisión, eso le daba la posibilidad de crear y aprender cosas nuevas. Siempre jugaba a la pelota y tenía varias en su casa con la que armaba partidos con un solo jugador como protagonista. El futbol era su divertimento y su juego preferido.
Ese día llegue temprano, vi como Martín y sus compañeritos iban corriendo al vestuario a cambiarse para jugar. Como tenia tiempo me quede mirando como jugaban los chicos mayores (15-16 años) me llamo la atención la fuerza con la que pateaban y el pique de la pelota era muy alto, a veces hasta pasaba el alambrado.
Cuando terminó el partido de los mayores, vi que la pelota se la quedaba el referí, pensando en lo que venía y adelantándome a los hechos, entré a la cancha y pregunte…
¿los niños que juegan ahora van a usar esta pelota?
Ante la respuesta afirmativa, dije que los niños con esa pelota no jugaban, no pueden comparar a chicos de 16 años con niños de 8 en la adaptación al juego…
No hay otra pelota son todas iguales.
SIn importarle mi insistencia y mis motivos el partido se jugo igual.
El partido empezó con atraso por mi "culpa" …que tiene que ver la pelota…los chicos quieren jugar igual…me decían
Martín recibió de lleno el pelotazo en la cara. Desde donde yo estaba se escucho como una cachetada a mano abierta, primero cayo de cola y después de espalda, se tomo la cara con desesperación, la misma que tenia yo para que me abran la puerta y me dejaran pasar. El agua pudo sacarle algo de tierra de la cara, pero se mezclaba con las lágrimas y el sudor.
Martin se quedo en el banco y no volvió a entrar, sus compañeritos siguieron solamente el primer tiempo, la pelota era imposible de patear y cuando alguien se animaba se daban vuelta por temor a otro pelotazo.
A los 8 años aprendieron que eso que rueda en la cancha y debe ser su amiga, lastima y mucho, que si me viene a la cara o al cuerpo me tengo que correr, que me aburrí bastante y como me aburro y encima eso me hace daño, para eso no vengo mas…
A los 30 y pico, casi 40, algunos han aprendido que el juego y los elementos del juego deben ser adaptados según la edad y que Martín, aun hoy, sigue esperando estrenar sus botines nuevos
HASTA LA PROXIMA…
NESTOR OSCAR BUERI
Observador y Coordinador de Grupos
Psicólogo Social



