En el Diccionario de la Academia Española, la definición de "deporte" dice así: "recreación, pasatiempo, placer, diversión por lo común al aire libre". Pero la mejor definición del deporte es quizás la que dicta el sentido común, una distracción, generalmente acompañada de cierto esfuerzo corporal gracias a la cual la mente y el espíritu se sustraen a la obsesión del trabajo.
En el año 1988, cuando Puerto Nuevo estuvo fusionado con el Círculo Italiana, llamándose Puerto Nuevo Italiano (entre 1984 y 1989) aconteció un hecho doblemente significativo en su vida deportiva, ya que ante la adversidad logró acariciar el ascenso en el torneo oficial de AFA.
Ese plantel, dio una clara demostración de su amor deportivo y de estar capacitado para llegar a ser un real protagonista del certamen.
En esa época nuestra ciudad tenía su propio Estadio Municipal (inaugurado en marzo de 1955), el cual era el escenario en donde competían los equipos afiliados a la Liga Campanense.
El cuidado del terreno de juego, obligó a las autoridades a prohibir que Puerto Italiano realizara sus entrenamientos, pudiendo solamente actuar los sábados, cuando le tocara ser local.
Esto obligó a los "auriazules" que no tenían su estadio propio, a salir a practicar en diferentes sitios de nuestro medio. La zona del Club Esso, la barranca, la ruta, todo venía bien. Ellos fueron sorteando todo tipo de problemas, como una vez también le sucedió a los "camboyanos" de San Lorenzo de Buenos Aires, cuando Fernando Miele era su presidente.
Nunca antes este equipo representativo del fútbol de AFA de Campana estuvo tan cerca de alcanzar el título de Campeón de Primera "D". Tan solo por un punto de diferencia.
Lugano, en el mes de febrero del año ya citado, dio la vuelta olímpica.
Puerto en 1975, junto a Cañuelas y Central Ballester, logró su afiliación en la categoría en donde hoy participa. En aquel momento era la tercera vez que llegó a jugar la ronda final, para establecer un nuevo ascenso a la "C" y el equipo que hoy les recuerdo, mereció los más amplios elogios, por la brillante campaña cumplida en un torneo por demás difícil en donde en esta oportunidad no hubo zonas y se enfrentaron todos contra todos. Perder el título por un solo punto de diferencia habla a las claras de la capacidad futbolística del cuadro conducido por Carlos A. Pérez.
En ese plantel estuvieron Ricardo Cabrera, Horacio Forgione, Ramón Antúnez, Oscar Montori, Hugo Yedro, Sergio Garín, Daniel Firmani, Oscar y su hermano Alejandro Rodríguez, Cella, Wálter Montani, Viso, Espíndola, "Pocholo" Boumerá, Antivero, Azcurra, Orfila, Carelli, Esríquez, Ruben Stella y Valle, entre otros que hicieron posible esta excelente performance.
En el último acto de esta competencia, parado sobre la raya Carlos Pérez asumió el papel de un general orgulloso y agradecido de su valiente tropa, que estuvo a un paso de dar la vuelta olímpica. Esperó uno a uno a los jugadores, acercando cada rostro al suyo luego de tomarlo por la nuca. Había humedad bajo las pestañas de la mayoría de sus dirigidos.
Los futbolistas y el cuerpo técnico de Puerto Nuevo Italiano, verdaderos exclusivos dueños de la gratitud, pudieron escuchar la música de Víctor Heredia ("Todavía cantamos, todavía reímos"), con la que sus parciales los despidieron como muestra de afecto. Esta vez el primero y el segundo subían al mismo cielo, en el de los agradecidos. Aquellos camboyanos hicieron sobrados méritos para obtener el título que no fue posible. Pero igualmente quedaron en la historia.



