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viernes, 26/jun/2026 - 10:30
 
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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 02/nov/2003 de La Auténtica Defensa.

Decisiones que ¨tapan agujeros¨: 
Noches de sed  
Soledad Elías Leguizamón




Después de cuatro meses de presentada por primera vez en Diputados, se aprobó la ley que dejará sin alcohol las calles porteñas. Un poco retocada la principal norma, ahora sólo será una ¨prohibición¨, sin ningún tipo de sanción, la Policía no podrá actuar en caso de faltas. La ley comenzará a regir en el período de un mes sobre todos los quioscos, almacenes, polirrubros, estaciones de servicio, desde las 23 hasta las 8 horas, según dictaminaron los legisladores que sería el horario de mayores violaciones a la seguridad.

Una medida bastante drástica si se piensa en la libertad de las personas, pero si todos pensamos como los diputados que aprobaron la ley, se trata de una solución a la violencia erradicada en las calles nocturnas, un stop a los adolescentes descarrilados que hacen locuras bajo los efectos del alcohol. Muy irrisorio. Pensar que la ley pueda controlar la venta de bebidas en todo quiosco y quiosquito habido y por haber. Y si así fuese, aún el consumo de las mismas en los cordones de las veredas no estaría prohibido si la compra fuese hecha antes del horario de restricción.

Aún así, me refiero, poniendo al factor ¨alcohol¨ como culpable de la inseguridad en las noches porteñas -y no porteñas también- y restringiendo las malas acciones que éste provoca, no podemos negar la existencia de otros factores sociales que se ocupan de poner en peligro las calles a todo horario. Esto es, los robos y asesinatos por intentos de hurtos, no se cuelan bajo el efecto etílico, sino que son una consecuencia de la miseria, desocupación y desesperanza de la población que está en peores condiciones del país -y con esta caracterización no minimizo el número-.

Podemos acusar al ¨tetra¨ y a la ¨birra¨ callejeros, de las peleas a botellazos y de los accidentes automovilísticos, pero también es cierto que los causantes de estos mismos problemas son el consumo desenfrenado de vino y cerveza en bares y boliches, la única diferencia que encuentro es la inclusión de otros objetos en las peleas, como por ejemplo las sillas de los pubs.

No quito la irresponsabilidad de los consumidores de bebidas alcohólicas cuando ¨se pasan de la raya¨, pero tampoco creo que es la solución la prohibición de éstas en las calles, resaltando que la ingestión ¨interna¨ (es decir, en los lugares desde ahora permitidos) seguirá produciendo los efectos que ya produce.

Antes de terminar con mi opinión sobre el tema, no quiero dejar suelto ningún cabo, y desde luego que el consumo de drogas está más que atado al tema de la noche y los disturbios. Ya que se trata de un tema polémico por demás, no pienso hurgar en el hecho del si ¨está bien¨ o ¨está mal¨, la base firme es la prohibición del consumo de drogas, penable.

Es cierto que no es nuevo, pero no me alegra afirmar que se ha convertido en una rutina ya poco asombrosa. Fumar, palar, empastillarse, son algunas de las acciones que manejan los jóvenes -y no tan jóvenes- de hoy. Con esto no estoy innovando: ya existían los ¨porros¨ en la época del hipismo, pero hoy el uso se ha convertido en abuso y no sólo de la marihuana como dije antes. Claro que ningún padre imagina a su hijo drogándose en una esquina cualquiera, así comotampoco ninguno de nosotros imagina a sus padres en el momento del coito.

Sólo creo que sería importante -ahora que el gobierno se está preocupando por la seguridad en las calles y poniendo trabas a lo que serían los vehículos de acceso a la violencia- poner el consumo de drogas como un punto esencial a tratar, y no sólo censurando, sino concientizando en escuelas sobre el peligro que conlleva en el consumidor el abuso de este tipo de substancias.

Y no me digan que el ¨porrrito¨ no constituye una droga, porque científicamente no es cierto. Lamentablemente los jóvenes ignorantes comparan a la marihuana con la cerveza: lastimoso y peligroso. La joven sociedad de hoy.

Comentarios y sugerencias a: mi_kolumnita@hispavista.com Soledad Elías Leguizamón.


 
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