Todos nosotros, en mayor o en menor medida, hemos tenido que vivir situaciones difíciles, experiencias que podemos pensarlas como hechos tristes o como acontecimientos que nos abren puertas: una enfermedad, una muerte, una separación, una pérdida, un gran dolor. Al pasar por estas experiencias, podemos reaccionar de diversas formas.
En un principio parecemos estar inmovilizados, viendo que la vida continúa delante de nuestros ojos. Miramos todo pasar, llevando angustia y desesperanza en nuestro corazón, queriendo gritar, queriendo que todos paren. Buscando un nuevo sentido a lo que nos pasa, una explicación. ¿Cómo es que yo estoy aquí sufriendo tanto y los otros continúan con sus vidas, y yo aquí atrapado por un dolor que me agobia, que me asfixia?
Pero luego, desde esa quietud en donde me encuentro, debo decidir cuál es el camino por el cual quiero continuar. Las opciones perecen ser estas: Me siento a un costado y soy espectador de mi vida; voy por el camino de la resignación, la queja y el enojo; o elijo el camino, que tal vez sea el más difícil de todos, pero es el que me obliga a hacer frente a la realidad haciéndome reflexionar sobre qué tengo que aprender de esto que me sucede. Porque lo importante no es lo que nos pasa, sino qué hacemos con lo que nos pasa.
Es aquí al momento de elegir qué vamos a hacer. Pensando y sintiendo desde el ser, ya que muchas veces el ego, esa voz que nunca se calla, va a intentar confundirnos, va a intentar tapar y ensuciar la verdad, la belleza y pureza de nuestra esencia.
Yo elijo aprender, pararme y seguir evolucionando. Es entonces cuando logro ver al otro, ese que parecía caminar indiferente también tiene su dolor, también está aprendiendo al igual que yo. Es entonces cuando comprendo que cada uno de nosotros vinimos a este planeta, en este momento para crecer, tomar nuevas lecciones y evolucionar. Nada es al azar o casualidad, sino una causalidad de nuestras elecciones y voluntad.
Todos tenemos una misión en este mundo, todos tenemos un don para dar a la humanidad. No siempre somos concientes de esto, no siempre valoramos lo que tenemos, no siempre reconocemos nuestros dones, no siempre llegamos a cumplir nuestra misión de vida. Pero sí puedo decir que siempre estamos a tiempo para elegir el camino correcto.
Siempre podemos pedir perdón, siempre podemos perdonarnos, dar gracias, emocionarnos. Siempre estamos a tiempo para abrir nuestro corazón, encontrarnos con nuestro ser. Siempre podemos dar y darnos a los demás. Siempre podemos aprender de la vida, de las experiencias y ayudar a otros, que al igual que nosotros, también están aprendiendo, creciendo y evolucionando. ¿Cuál es el camino que estas eligiendo?
¿Qué opinas de esta nota? Escribime a maoppici@fibertel.com.ar
www.generandorealidades.blogspot.com



