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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 28/jun/2012 de La Auténtica Defensa.

A 10 años la memoria de Maxi Kosteki y Darío Santillán sigue clamando justicia
Por Guillermo Varela




El 26 de junio de 2002, agentes de la policía bonaerense asesinaron en Avellaneda a Darío Santillán y a Maximiliano Kosteki, integrantes de movimientos de desocupados que habían intentado cortar el Puente Pueyrredón en demanda de trabajo. Maxi participaba por primera vez en una acción de esas características, mientras que Darío, a sus veintiún años, ya llevaba dos años y medio de militancia junto con los desocupados del barrio Don Orione, en Claypole, donde creció, y más tarde en La Fe, un barrio humilde en el partido de Lanús. El militante que puso el cuerpo a una biografía que narra una vida tan breve como intensa, signada por la pasión y el coraje.

Kosteki viajando en tren hacia capital, vio los murales de la estación Banfield y eso despertó su vocación. estudió en la escuela con orientación artística "Museo Sempere" de Burzaco. Hacía malabarismo, música y todo lo vinculado al arte y un 1.º de mayo de 2002, Kosteki fue por primera vez a una manifestación en Plaza de Mayo. Allí conoció los proyectos del MTD (Movimiento de Trabajadores Desocupados) "Aníbal Verón", de Guernica, y se sumo al trabajo en un comedor, una huerta, una panadería y una biblioteca. Comenzó a ir a las reuniones y llevó unos libros y un tambor para utilizar en el horno de pan y tejió un enrejado para cuidar la huerta. Así transcurrió su militancia en el MTD hasta que a fines de junio de 2002 llegó su primer y último corte de ruta allí en Puente Pueyrredon. Darío Santillán militaba en uno de los MTD (Movimiento de Trabajadores Desocupados) que luego conformaría El Frente Popular, de adolescente empezó a acercarse a la militancia social mientras cursaba tercer año de la secundaria. "Lo que lo convocó fue el rechazo a las políticas educativas neoliberales", recuerda Leonardo, su hermano. Comenzó a dar apoyo escolar junto algunos compañeros de su escuela en el barrio 11 de agosto, de Quilmes, y a realizar otras actividades solidarias. "Con 15 años llamaba y decía ´esta noche no voy a casa porque me voy a ayudar a los inundados´, ejemplificó su padre. Y destacó que "siempre era el primero que iba a la iglesia a ayudar o que iba manguear a los supermercados y almacenes para armar ollas populares". Al describir a Darío, tanto su padre como su hermano desbordan de gratitud. Sobre su hermano, Leonardo reflexionó: "Ya a los 17 años tenía la conciencia de dónde estaba parado y entendía muchas cosas que nosotros recién hoy entendemos". Y además reconoció que "no sólo tenía un gran carisma y una buena formación. Lo principal es que fue consecuente entre sus actos y lo que decía". Sobre ese compromiso último que tuvo antes de morir, Alberto, su padre relató: "Se quedó con Maxi aunque no lo conocía, porque era un compañero que se desangraba. Levantó su mano y dijo ´loco paren que el pibe se está muriendo´. Igual le dispararon."

Estos pibes militantes eran los que en plena crisis económica le ponían el cuerpo a la represión y a la injusticia de las clases dominantes, hoy a pesar de la condenas de Franchiotti y sus cómplices seguimos esperando a los responsables políticos de la masacre de Avellaneda, es una cuenta pendiente que tiene la justicia con la militancia popular. Hoy los recordamos desde otra perspectiva política, en aquella época éramos nosotros los que ocupábamos las plazas y cortábamos las rutas pidiendo alimentos, con millones de desocupados y jubilados que cobraban $150 para vivir, éramos los trabajadores y los sectores populares los que luchábamos contra el neoliberalismo, y después de muchos años derrotamos. Hoy son las cacerolas de la abundancia que golpean porque hay un proyecto popular que equilibro la balanza y se les acabo la fiesta, porque no pueden hacerse de dólares para especular en la timba financiera, o la oligarquía de la sociedad rural que perdida y sin rumbo pues no puede echar mano a las fuerzas armadas, como lo ha hecho en el golpe del 55, en el 76 etc... Para así seguir enriqueciéndose, son ellos los que se quejan, los que protestan, los Ricos están en calle, señal de que vamos por el camino correcto, entonces las muertes de Maxi y Darío no fueron en vano. Ahora debemos consolidar este proyecto y avanzar con las cosas que faltan, hoy mientras el imperio intenta una vez mas poner en jaque a las democracias de la región, con el Golpe en Paraguay y la crisis en Bolivia, debemos recordar la militancia de estos compañeros, porque su ejemplo de entrega es necesario para bancar este proceso que puso a nuestro país definitivamente en otro lugar. Seguro que este proyecto tiene contradicciones, limites y errores, pero ponemos por delante la lucha por la autodeterminación de los pueblos, y eso hoy esta en juego en América Latina, hay contradicciones secundarias importantes, pero no hay que perder de vista la primera contradicción, que es la de ser un país libre y soberano. Es solo una opinión de un militante que fue parte de esa resistencia en los 90, no es la verdad es solo una opinión.

Guillermo Varela, Proyecto Nacional



 
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