Había sido una semana difícil. Todo el tiempo Juan se había sentido "tironeado" por dos fuerzas contrapuestas. Una, la del deber, que todo el tiempo le decía en su oído lo que estaba bien; lo que se esperaba de un hombre de su condición y por el otro lado, unos impulsos apenas refrenables de hacer lo que le viniera en gana, sin pensar en absolutamente nada más que sus ganas.
Ambas fuerzas eran lo bastante intensas como para resistirse en cuanto la otra pareciera ganar un mínimo de terreno.
En el medio de sus cavilaciones se me presentó esta historia tradicional sufi y se la acerqué.
No se qué resolvió hacer, pero por bastante rato se calmó y la leyó:
"En el transcurso de un duro viaje, tres viajeros se hicieron amigos.
Compartían los placeres y las penas.
Mientras atravesaban con dificultad un desierto, se dieron cuenta que sólo les quedaba una torta de pan y la mitad de una bota de agua. ¿Quién podía comer aquel pan y beber aquella bota de agua? El espíritu de la disputa los enfrentó. Intentaron repartir el pan y el agua y renunciaron a ello porque la cantidad era demasiado pequeña.
Al caer la noche, con el estómago vacío, decidieron tumbarse a dormir. _Al despertar- dijo uno- nos contaremos nuestros sueños y aquel que haya tenido el sueño más hermoso propondrá su solución.
Los otros estuvieron de acuerdo.
Se levantaron a la mañana siguiente cuando el sol iluminaba el desierto.
_He aquí mi sueño- dijo el primer viajero- Me desplazaba suavemente por indescriptibles regiones, de una belleza tranquila y conmovedora. Allí encontré a un hombre de brillante mirada que me pareció la mismísima bondad y que me dijo:"_ Eres tú el que merece el pan, por tu vida pasada y también por tu vida futura, que son dignas de la admiración de los hombres."
_ ¡Qué extraño! - gritó el segundo viajero- Porque yo en mi sueño he visto mi vida pasada, he visto mi vida futura, y en ésta última, que todavía no ha empezado, me he encontrado con un hombre de gran sabiduría que me ha dicho: " Eres tú quien merece el pan, bastante más que tus compañeros, porque eres el más paciente e instruido. El destino te ha elegido para elegir a otros humanos. Es esencial que estés bien alimentado."
Entonces el tercer viajero dijo:
_ En mi sueño no he visto nada, no he oído nada, no he dicho nada. No me he encontrado ni con mi vida pasada ni con mi vida futura. Ningún sabio me ha dirigido la palabra. Pero he sentido una presencia todopoderosa, irresistible, que me ha forzado a levantarme, a buscar el pan, a buscar el agua, a comerme el pan y a beberme el agua. Y eso es lo que he hecho."
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