Al comienzo de agosto, más exactamente el día 7, se producen en nuestro país milagros repetidos, que emocionan a sus fieles. Y cada año se suman más creyentes porque San Cayetano nos deslumbra y nos enternece por ese camino señalado por él para acceder a ese trabajo por el que hemos estado luchando, preparándonos con gran expectativa.
Miles de jóvenes, adultos y gente de la tercera edad llegan a su templo sagrado con sus espigas que simbolizan que no faltará el pan en nuestra mesa. Observando a la gente frente a su imagen comprobamos que las facciones se van dulcificando en ese diálogo silencioso que sucede siempre siempre, pero especialmente en su día.
Allí en colas interminables se van alineando y se comprueba la fe que anida en cada uno de los visitantes.
Cada agosto renace la esperanza en un nuevo amanecer que contagia y gratifica. Viajeros de los cuatro puntos cardinales del país llegan en busca de su ayuda, y vaya que nos tiende esa mano celestial porque la mayoría va a agradecer.
En este día llegará a no dudarlo, ese milagro esperado que tiene el color de las espigas y de las creencias que cumplirá su pedido dándole esa gracia que no tiene fin.
Gracias San Cayetano.
Rina Casulli.



