LA PLATA, (AIBA). Es terrible la imagen del lobo comiéndose a una oveja del rebaño mientras pastorea tranquilamente en los prados de la aldea. Es terrible pero, a su vez, es esperable. El lobo come ovejas. Para evitarlo está el pastor con un palo y algunos perros. El pastor cuida las ovejas. Si el rebaño es muy numeroso, hay varios pastores, más palos, más ojos para mirar y más perros para ayudar. ¡Obvio!, diría mi pequeña hija de once años.
Reitero, es asquerosa la imagen del lobo comiéndose a la oveja. Pero más asquerosa todavía es la imagen de la oveja cuando es comida no por el lobo, sino por el pastor. No es esperable.
El lobo nunca podrá convertirse en oveja ni la oveja nunca podrá convertirse en lobo. ¿Y el pastor?, ¿el pastor puede convertirse en lobo o en oveja?
Es repugnante la imagen de una persona delinquiendo. Es repugnante pero, a su vez, es esperable. Hay personas que delinquen. Para persuadirla, para tratar de evitarlo y, en el peor de los casos, para atraparla luego de haber delinquido está la policía. Si la comunidad es muy numerosa, hay varios policías, muchos policías para cuidarla. Y aquí ya no es tan obvio para mi pequeña hija de once años que mira televisión más de la cuenta.
Una vez más reitero, es terrorífica la imagen de una persona delinquiendo. Pero más terrorífica aún es la imagen de un policía delinquiendo, echado a perder. Es un cuchillazo en el ojo, un balazo en la espalda. No es esperable. ¿No es esperable?
El policía puede convertirse en delincuente. El policía delincuente puede permanecer entre sus camaradas o puede ser expulsado.
Si en la comunidad de pastores hay uno de ellos que reiteradamente no hace bien su trabajo, si se queda dormido cuando debe estar atento y si maltrata a las ovejas, esa comunidad de buenos pastores lo expulsa.
Pues los reiterados abusos padecidos por las ovejas traerán indignación, bronca y hasta rebeliones en las granjas de la aldea.
El pastor expulsado deberá dedicarse a otro oficio. ¿A qué se dedicará?, ¿elegirá otra tarea para desempeñarla con lealtad y celo y así reivindicarse ante el rebaño indignado?, ¿tratará el pastor indignado de velar por una jauría de lobos?, ¿podrá metamorfosearse en lobo o en oveja?, ¿quién querrá al pastor malo y para qué?
Si la comunidad de pastores buenos es inteligente, y persigue el bien común, adoptará la precaución de no perder de vista los pasos de aquel pastor expulsado. Pues, aprendió mucho sobre el oficio pastoril, conoce todos los movimientos de las ovejas, de los lobos y de otros pastores, sabe de las virtudes y defectos de la aldea y, seguramente, a lo largo de tantos años desempeñando el oficio habrá cosechado lealtades y complicidades.
Después de tantas purgas en las fuerzas de seguridad, el policía expulsado deberá dedicarse a otro oficio.
¿A qué se dedicará?, ¿elegirá otra tarea para desempeñarla con lealtad y celo y así reivindicarse ante la comunidad indignada?, ¿tratará el policía indignado de velar por una banda de delincuentes?, ¿podrá metamorfosearse en lobo o en oveja?, ¿quién querrá al policía malo y para qué?
¿Y los pastores fieles a su oficio?, ¿y los policías buenos que todos los días dan su vida por el bien de la comunidad y que tratan de caminar con la frente bien alta y la conciencia tranquila?, ¿y los siempre presentes rebaños de aquí y de allá que soportan todo, que aguantan todo y que esperan?
Sin parafrasear a nadie, alguien me respondería con la mejor soberbia del típico político que todo lo sabe (de palabra): ´eso es la seguridad interior, idiota´.



