Las manifestaciones del jueves pasado en distintos lugares del país confirman que algo pasa en Argentina. No saber leerlo adecuadamente implica profundizar los desaciertos que nos alejan de las tendencias centrales de nuestro tiempo; aislándonos del mundo y de las enormes oportunidades para un país como el nuestro.
La marcha de gente reunida a partir de la convocatoria en redes sociales (fenómeno similar a las manifestaciones que dieron lugar recientemente a la "primavera árabe") confirman que internet es un fenómeno que democratiza la información, al hacerla accesible y difícil de controlar por los gobiernos. En otro orden, la televisación de las protestas pone de manifiesto el alcance de la globalización como factor de integración planetario: de los únicos dos canales que mostraron los hechos en tiempo real, uno era extranjero (la CNN). Así, la Globalización y su vehículo central de integración, la internet, imponen severas restricciones a los gobiernos autoritarios de nuestro tiempo.
Luego de una elección donde el gobierno nacional ganó abrumadoramente, un sector importante de la población sale a la calle a pedir por un par de cosas que tienen un hilo conductor: la demanda de Libertad y Transparencia. Desde la inseguridad hasta la re reelección, pasando por la corrupción (que tiene como emblema a una causa contra el Vicepresidente de la Nación) y los ataques a los (pocos) medios independientes, la demanda de libertad y transparencia conecta a los desvelos de gente muy diversa.
Aunque sectores del oficialismo pretendieron minimizar y sectorizar los reclamos, las manifestaciones del jueves pasado constituyeron un hito para nuestro país. En cantidad, excedió largamente a los cacelorazos del 2001. En civismo superó cualquier otra movilización de la Argentina moderna.
La marcha pacífica por reclamar libertad y transparencia no puede ser manchada por ningún interés mezquino. Uno de los intentos de restarle trascendencia, fue endilgarle a la oposición por no canalizar esos reclamos. Miopía absoluta: muchos de esos manifestantes hace menos de un año votaron a Cristina Kirchner.
Lejos de representar una falla de la oposición, estas manifestaciones fueron el éxito de un civismo pacífico que puede ser la base de una sociedad civil más fuerte. Una demostración de ciudadanía. La base de la democracia es la gente, sus valores cívicos. Luego vienen los partidos que canalizan una parte de esa sociedad: la de aquellos que tienen idea formada, que simpatizan con una construcción, que son voluntarios de un proyecto. Pero la gran base de la democracia son las personas, no las corporaciones ni los partidos. Precisamente, la esperanza que nació el jueves fue que los argentinos comenzaron a decir: no tenemos miedo. Es el primer paso para que los argentinos nos demos cuenta que somos los únicos dueños de nuestros destinos.
(*) Pro Campana



