Las tormentas de la vida no tienen preferidos, y cuando uno es la victima de la crisis, la tormenta es difícil de soportar.
De la Biblia podemos extraer tres tipos de tormentas en la vida: la que nosotros mismos buscamos (tal como Sansón y los inconvenientes que se buscó), las que Dios provoca (Jesús calmando la tempestad en el lago de Galilea) y las que otros provocan (Pablo y Silas apresados).
¿Como podemos tener calma y mantener la confianza y el valor a pesar de las circunstancias?
La impaciencia a menudo nos trae problemas y cuando la perdemos nos topamos con la tormenta.
A veces estamos impacientes por casarnos, por encontrar un trabajo nuevo, mudarnos a un mejor lugar, tener un auto, tener hijos, poder educarlos en los mejores lugares, viajar,.. atravesamos por estas y otras crisis y lo que es peor aun, no buscamos ni esperamos en Dios y vamos rumbo a una tormenta.
También hacemos caso a expertos equivocados, hay muchas ideas en el mundo que nos rodean como respuestas a interrogantes y cada semana hay una nueva terapia, solución o alguna "religión" alternativa como solución inmediata a nuestros problemas.
A veces se escucha decir "Esta decisión tiene que ser la correcta porque me siento bien". La realidad es que los sentimientos muchas veces engañan. Si Dios dice "Espera, no avances" mas vale esperar, porque nuestro enemigo también sabe arreglar las circunstancias y hacer parecer bueno lo que realmente es malo.
Cuando nos encontramos en la crisis, lo común es hacer las mismas cosas que hicieron los navegantes en Hechos 27. La reacción de ellos es típica de las personas bajo presión. El barco quedó atrapado por la tempestad y no podía hacerle frente al viento así que se dejaron ir a la deriva. Es lo primero que nosotros tendemos a hacer en la tempestad, nos abandonamos a la deriva, dejamos nuestras metas, nos olvidamos de nuestro rumbo, de nuestros valores y nos dejamos llevar por el viento.
En esos días no había brújula y las estrellas estaban ocultas en la tempestad, la tripulación permanecía en completa oscuridad. Sin brújula y sin estrellas se iba rumbo a la deriva, sencillamente las olas nos llevan a un lado a otro, de un problema a otro y cuando las corrientes son fuertes, en la vida uno llegar a decir de que sirve seguir?....pues me voy con la corriente.
Los navegantes estuvieron a bordo de un pequeño barco en la oscuridad por espacio de varios días, de un lado a otro con las olas del mar y descartaron todo, perdieron toda esperanza.
A veces nos sentimos así, pasa el tiempo y llegamos al punto de la desesperación. Ellos olvidaron que Dios tiene el control, olvidaron que Dios tiene un plan, que Dios puede inyectar esperanza a una situación que parece desesperanzadora.
Lo que impresiona luego de leer de este relato es que la reacción de Pablo, mientras los demás estaban desesperanzados y deprimidos, el estaba calmado y confiado con valor en medio de la crisis, nada le preocupaba. La reacción de los navegantes es la respuesta natural que tenemos en medio de la crisis, pero eso no tiene que ser nuestra respuesta. Una prueba de nuestra fe es la forma en que lidiamos con la crisis.
Es fácil cuando las cosas andan bien, cuando vienen las respuestas a nuestras peticiones, cuando hay salud, pero la prueba de nuestra fe es cuando llegan los problemas, cuando sentimos la inclinación a desesperarnos, a irnos a la deriva, a arrojar por la borda todas aquellas cosas que son importantes en nuestras vidas.
El carácter se revela en la crisis, no se crea en ella. El carácter se crea en las cosas cotidianas, ordinarias y triviales de la vida, allí es donde se forma, pero se revela cuando naufragamos en una situación que amenaza con tragarnos.
Quiere el Señor mostrarle sus propósitos, y poner confianza en su vida para descansar en sus brazos, creyendo que el tiene el timón de nuestras vidas para recibir el oportuno socorro cuando vengan las tormentas y poder anclar nuestra nave, con la presencia de Dios, con el propósito de Dios y con las promesas de Dios para nuestras vidas y permanecer allí hasta que amanezca.
Anclémonos a las verdades de Dios, lea la Biblia, que allí encontrará paliativo para sus conflictos.
Los que confían en el Señor son como el monte de Sion y jamás será conmovido. (Salmo 125:1). Amén. Hasta la próxima semana, amarrados de sus promesas.
Stella Viñales
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