LA PLATA (Especial de AIBA). ´Chi va piano, va sano´, dice un antiguo proverbio italiano, que se completa con la locución ´chi va sano, va lontano´. Esto es: quien va despacio, va seguro, y quien va seguro, llega lejos. La expresión tiene nítido parentesco con aquella recomendación que el genial Cervantes pusiera en boca del ´ingenioso Hidalgo
Don Quijote de la Mancha´ dirigiéndose a su fiel escudero Sancho Panza: ´despacio Sancho, que voy de prisa´. Por supuesto que estas sentencias no caben para Michael Schumacher, cuando ´vuela´ con su Ferrari en el campeonato de Fórmula 1, ni para el joven Sebastián
Porto, cuando acelera su motocicleta en el torneo mundial de su categoría. Pero siguen teniendo vigencia y son aconsejables para muchas instancias de la vida.
Sin embargo -se advierte claramente- estos sabios consejos no suelen ser seguidos por muchas personas, que son traicionadas por su propio apuro y ansiedad. Son quienes quieren las cosas ´aquí y ahora´. No admiten esperas, trámites ni gradualismos. Incluso, en muchas situaciones, omiten tomar nota de los escenarios, de las relaciones de fuerza y de las consecuencias de algunas decisiones. Que, en ciertas circunstancias, pueden convertirse en verdaderos bumeráns, que transforman estados favorables en posiciones totalmente adversas. En tal sentido, la lectura de varias definiciones de funcionarios del Gobierno Nacional -comenzando por algunas emitidas por el propio presidente Kirchner-, con respecto a la policía bonaerense y a su relación con ´los políticos´, parece indicar que se está apostando más a la velocidad de Schumacher o Porto que a la precaución que recomendaban los viejos italianos o el ilustre ´Manco de Lepanto´. En esa premura que caracteriza a los primeros meses de la gestión ´kirchnerista´, se suele incurrir en peligrosas generalizaciones que afectan u ofenden a quienes, policías o políticos, no por ello son corruptos. Cierto es que quien es honesto está tranquilo con su conciencia. Claro que eso no es suficiente, porque la sociedad –con el importante aval de la palabra presidencial- también generaliza y sospecha de todos. O culpa a todos. Y aquel que no está involucrado en actos de corrupción, difícilmente consiga un altavoz que amplifique su defensa. Pero nadie supone, seriamente, que eliminando a todos los policías o a todos los políticos bonaerenses, Argentina pasaría como por arte de magia a convertirse en un país impoluto.
Si se creyera lo contrario la solución estaría al alcance de la mano.
´Aquel que esté libre de culpa, que arroje la primera piedra´, desafió Jesús en auxilio de la pecadora María Magdalena. Lo cual no debe excusar a los responsables de hechos ilícitos.
Aunque prima una visión confusa sobre los ilícitos. Algunos lo miden en función de las cantidades. Los millones del comisario Carusso, de Patagones, impresionan. Pero cuando alguien coimea aún con unos pocos pesos a quien lo detuvo en la ruta por exceso de velocidad, se lo presenta como una viveza, sin la connotación delictual que le es inherente.
Y si bien debe ser un objetivo fundamental concretar un cambio cultural que permita detectar –y sancionar con el mayor rigor- con facilidad y rapidez los actos de corrupción, no parece ser la mejor salida entrar a degüello, tal como hacían en la Edad Media los sarracenos con sus enemigos. Es decir, indiscriminadamente.
Una de las condiciones para lograrlo es que en la percepción popular el ilícito lo sea, más allá de los montos que estén en juego.
El Gobierno Nacional –en grado especial el Presidente- mantiene un alto nivel de imagen en la opinión pública. Y continúa una interesante expectativa positiva, que contribuye decisivamente para el crecimiento de la economía y la generación de puestos de trabajo.
Con esos respaldos su gestión se ve facilitada, sin que parezca necesario apurar exageradamente los tiempos. Si la urgencia se debiera a que quiere instalar su impronta con vistas a las elecciones de 2007 –hoy remotas-, parece que no se hiciera una lectura correcta de la coyuntura que aún vive el país. Un país con altísimo nivel de desempleo y con reclamos callejeros permanentes que protagonizan en especial los grupos piqueteros. Un país en default, con una notable desigualdad social. Un país que necesita más gestión que declaraciones mediáticas.
La mayoría de los analistas coincide –más allá de lo prematuro y lo endeble que son los pronósticos en nuestro país- en que si la gestión del presidente Kirchner brinda respuesta a algunos de los problemas fundamentales de la población (básicamente, a la falta de empleo), su reelección en el año 2007 estaría asegurada.
Entonces, ¿porqué el apuro? ¿porqué tantas declaraciones para los medios? La situación general ha mejorado, no cabe duda, pero seguimos con muchos problemas, que no deberían ignorarse. Tendría que prevalecer el sentido común y evitarse las manifestaciones altisonantes, que sólo agregan desasosiego a la preocupación general. La mirada general está puesta en los tres dirigentes más importantes de la Argentina de hoy: Kirchner, Solá y Duhalde. Según como ellos se relacionen serán las consecuencias. Hay quienes imaginan (¿desean?) que ´la interna´ entre ellos es permanente. Suponen que hay un ´todos contra todos´. Sin embargo, la mayoría confía en la sensatez e inteligencia de los mencionados.
Una correcta lectura del momento histórico determinará sus pasos futuros. ¿Seguirá prevaleciendo la inmediatez o predominará el viejo ´Chi va piano...´?



