Hace poco tiempo Mo Yan fue elegido como premio Nobel de literatura 2012.
Se sabe que nació en 1955 y que empezó a escribir siendo soldado. Es un ávido lector y ha recibido influencias de Gabriel García Márquez, William Faulkner y Léón Tolstoi.
Su verdadero nombre es Guan Moye y el seudónimo con el que escribe Mo Yan significa en mandarín. "No hables". Justamente por eso este cuento da cuenta, valga la redundancia del maravilloso acto de dar vida. Por eso lo elegí para compartirlo:
"La primera criatura que mi tía trajo al mundo fue Chen Bi. Después mi tía se quejaba, decía que el primero tendría que haber sido un heredero de la revolución, no el hijo de un latifundista. Pero en aquel entonces ella había decidido hacer borrón y cuenta nueva y abrirse a otros horizontes, así que el problema ni se le planteó.
Cuando le llegó la noticia de que Ailian estaba por parir, se calzó al hombro el bolso de medicamentos, se montó de un salto en la bicicleta- un medio de transporte que en aquella época todavía era raro de ver- y volvió a casa. En diez minutos recorrió los cinco kilómetros que separaban el puesto sanitario de nuestra aldea. La mujer de Yuan Lian, secretario del partido, estaba lavando ropa en la orilla del río Jiao, y cuenta que la vio pasar veloz como el viento sobre el estrecho puentecito de piedra. Presa del pánico, un perro que también cruzaba se arrojó al agua de cabeza.
Ailian era una mujer de suerte, era sobre todo y en primer lugar una mujer inteligente. Cuando mi tía le posó las manos sobre la panza, Ailian sintió una especie de energía. Más tarde le diría a quien quisiera escucharla que mi tía tenía la mano de un gran general. En comparación, la vieja partera que vociferaba en cuatro patas junto al orinal parecía un personaje cómico y absurdo. Inspirada y motivada por el abordaje científico y el solemne aplomo de mi tía, la parturienta Ailian, finalmente vio la luz, tomó coraje, y el dolor que desgarraba sus entrañas pareció aplacarse muchísimo. Dejó de llorar, obedeció las órdenes de mi tía, copió los movimientos que le indicaba, y finalmente dio a luz a aquel niño de nariz enorme.
Chen Ni nació, pero no respiraba, así que mi tía lo sostuvo cabeza abajo, le dio unas palmadas en el pecho y en la espalda, y recién entonces el niño lanzó un grito parecido al maullido de un gato. Mi tía dijo:" ¿Cómo puede ser que este pequeño tenga una nariz tan grande? ¡Parece norteamericano!" en ese momento, su corazón rebozaba de felicidad como un artesano frente a su primer obra. El rostro exhausto de la parturienta se iluminó con una sonrisa radiante. La tía siempre tuvo una fuerte conciencia de clase, pero cuando tiraba de un niño por el canal de parto, olvidaba las luchas políticas y la satisfacción que experimentaba era un sentimiento humano, simple y puro"
El cuento es un fragmento de Rana, que acaba de ser publicado en España, la traducción del mandarín es de Jaime Arrambide y fue publicado por ADN Cultura del 19 de octubre de 2012.
Para ser quien no habla, Mo Yan, no se calla. Y muy sutilmente nos trasmite su idea de que la vida va más allá de las banderías políticas y de las diferencias ideológicas y de cuánto la vida es una idea fuerza muy poderosa. Qué si podemos valorarla, podremos avanzar en nuestro desarrollo como seres humanos, domeñando nuestros impulsos más hostiles y usando la energía de que disponemos de modo más creativo y vital.
Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia.
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