Los urbanistas europeos suponen que América tiene una ventaja, ya que las aglomeraciones urbanas construidas de una nueva planta, como es el caso de muchas de nuestras ciudades incluso la nuestra, tienen según ellos dificultades que pueden ser relativamente mínimas.
Si observamos lo que sucede en el desarrollo de las grandes poblaciones que no están sometidas en su crecimiento a un plan de conjunto bien establecido, veremos lo siguiente: el núcleo de la gran ciudad crece al compás de la marcha de los negocios y de los intereses materiales de la urbe. Estos intereses son los que rigen dicho desarrollo: los ciudadanos, en plena actividad industrial y comercial, resuelven de acuerdo con sus instintos los problemas de urbanización, o sea cubriendo con edificios de renta, o actividades productivas el mayor espacio posible del terreno de que disponen.
Paralelamente, crecen los núcleos suburbanos de la ciudad según disposiciones a menudo mezquinas y confusas y, en todo caso, adaptada a sus simples intereses individuales. De este modo viene a formarse una masa de áreas edificadas en torno de un centro urbano, con conflictos funcionales.
En realidad sin planificación ni normas cada individuo se sirve de la ciudad como mejor le conviene suponiendo que su interés personal debe prevalecer y ocasiona así molestias en el resto de la sociedad. Esta conducta individual es la que los reglamentos pretenden pautar. Pero esos reglamentos solo ven la cuestión parcial si no se incluyen en un plan maestro que permita subordinar lo particular o puntual a lo general del proyecto de desarrollo urbano global.
Los urbanistas europeos suponen que América tiene una ventaja, ya que las aglomeraciones urbanas construidas de una nueva planta, como es el caso de muchas de nuestras ciudades incluso la nuestra, tienen según ellos dificultades que pueden ser relativamente mínimas. Pero todos los tratados hacen esta inferencia a partir de suponer que una vez que se ha firmado un acuerdo social detrás de un plan urbano, las cuestiones posteriores son puramente reglamentarias o instrumentales. Es decir que el hecho fundacional es para las escuelas de urbanistas el varias veces mencionado, Plan del desarrollo de la ciudad, o Plan Maestro, basado en la moderna ciencia del town planning.
Hace 40 años ya se produjo el primer hecho significativo en la Provincia de Buenos Aires, con la sanción de la Ley 8912. Ley de uso del suelo que fue largamente cuestionada y observada, pero que se mantuvo a lo largo de los años. Su origen fue poner un cierto freno a la especulación sobre el suelo y fijo indicadores que permitían poner en valor los límites del crecimiento de las urbanizaciones, entre otras cuestiones. Desde aquel momento parecimos entrar en una zona de confort, basada en que la ley o los códigos hechos a su imagen y semejanza, a niveles locales, todo lo iban a resolver. Y ya estaba todo dicho. La ley fue un hecho pudiera considerarse revolucionario, ya que surgió en un momento en no había un antecedente previo, y conmociono al poner parámetros tan taxativos. Luego vino un letargo donde dejamos de ver al proceso de desarrollo de las ciudades como un continuo dinámico donde aquella lucha de intereses individuales no cesa. Nuestros códigos no se adecuaron o se adecuaron mal a las circunstancias sociales novedosas, pero lo grave es que nunca se volvió al debate que los urbanistas europeos consideran nuestra ventaja relativa más importante. El plan Maestro o plan Director. El lugar donde se debe dar la verdadera confrontación de los intereses convergentes o divergentes. Pensemos que cuando nuestro código se creo allá por el año 1984, aun no estaba en funcionamiento la Hidrovía, que cambio el perfil de la zona con la creación de nuevas instalaciones portuarias y por ende una multiplicidad de servicios anexos y conflictos circulatorios adicionales. Sin embargo a esta dinámica productiva no la acompaño el debate urbano para adecuar en un nuevo plan de desarrollo esta actividad y todo lo complementario que implica. Aun al día de hoy esta agenda está ausente y se toman cuestiones puntuales como el camino perimetral o la cuestión circulatoria, sin abordar la cuestión de fondo que es debatir en forma sistémica el modelo de ciudad que queremos.
Arq. Jorge Bader - Matricula CAPBA 4015



