"Hacer una ciudad nueva es mejor que remendar una ciudad vieja". Esta cita, pertenece a Arturo Soria, urbanista español que vivió hasta el 1920, quien fue el autor del proyecto de ciudad lineal, un experimento urbanístico en las afueras de Madrid donde el desarrollo longitudinal de sus manzanas con un eje circulatorio central, fue una propuesta para el ensanche urbano de la ciudad de la capital española.
Originalmente nuestro trazado urbano correspondió a un diseño radial. Este criterio particular, permite, si no existen obstáculos visuales o accidentes geográficos puntuales, ver desde los extremos de sus diagonales un punto focal central. Desde distintos puntos de las diagonales o las avenidas de nuestra ciudad se ve y se llega al centro de la plaza Eduardo Costa. El desarrollo extraurbano de Campana se asemeja más al experimento de ciudad lineal de Arturo Soria. Nuevos ejes circulatorios adquieren relevancia como espinas dorsales de un trazado que nada tiene que ver con el espíritu de la forma urbana original. El tema que se debiera analizar es como se vinculan estas realidades y como se logra incorporar esta nueva trama para que no se perciba como un espacio extraurbano ajeno al todo.
Esto nos lleva a una observación. Las realidades del diseño de una ciudad no las regula necesariamente el Código de Planeamiento. Es necesario interpretar que nuestros municipios no han contado nunca con un área dedicada al proyecto de ciudad. Tenemos un área de obras públicas, una codificación y una administración de esa codificación pero no tenemos con eso una respuesta a la necesidad de un proyecto urbano que unifique esas situaciones diferentes o que genere un proyecto de ciudad organizada. Cuál es el hilo conductor que vincula la tipología de los barrios extraurbanos con el centro de nuestra ciudad? Un esquema longitudinal como el de la sucesión de barrios Siderca, muy propio de la ciudad lineal de Arturo Soria, casi sorprendentemente idénticos en lo conceptual a aquel proyecto de ensanche urbano de Madrid, ¿qué tienen que ver con la estructura radial de avenidas anchas del centro? Calles estrechas y un desarrollo sin diagonales. Este esquema que en general no nos es propio desde nuestros orígenes nos obliga a pensar como se construyen nuevas centralidades y nuevas estructuras circulatorias. El desarrollo de nuevas avenidas con similar jerarquía de la que tienen nuestros bulevares, podría ser una búsqueda de un lenguaje uniforme que permitiera consolidar esa noción de pertenencia a una misma estructura urbana. Quizás el desarrollo de una avenida central, de una escala similar a, Ameghino o Mitre, en la traza de la calle Chacabuco permitiría una circulación de un lado a otro como espina dorsal de una realidad interbarrial que se vincula con el eje Rivadavia. La misma lógica pudiera representar el eje circulatorio de Vigalondo, completando de esta forma un nuevo esquema de arterias de similar jerarquía a las calles de mayor escala, típicas intra urbanas que pudiera llevarnos a esa unificación conceptual para percibir a Campana como un todo y no como una suma de partes aisladas. Esto es solo una especulación conceptual que no agota el marco de las posibilidades en esa búsqueda por construir un lenguaje urbano común, y actualmente ausente.
El sociólogo, economista, filósofo de la ciencia y educador austríaco Otto Neurath (1882-1945) en un ensayo que se ha constituido en un pilar del análisis en el proyecto de ciudades modernas, plantea la problemática de unificar el lenguaje urbanístico para permitir que las ciudades se interpreten como un todo aun en los puntos más alejados de las centralidades. Neurath aseveraba como hipótesis de trabajo que una representación visual homogénea y una referencia común en el diseño de las ciudades, estimularía en el espectador una comprensión cualitativa de la dinámica y la estructura de la vida social cotidiana de esa comunidad, algo que pudiera interpretarse como el espíritu de la ciudad. El método requería un trabajo colaborativo e interdisciplinario entre científicos, educadores, diseñadores, y finalmente la sociedad toda. Es el primer defensor de la necesidad de un diseño urbano, a partir de un área de gestión pública dedicada específicamente al proyecto de la ciudad.
Han pasado más de cien años de aquellos planteos del origen del urbanismo moderno, que tuvo múltiples visiones y debates, y resulta difícil entender, que un siglo después, estemos planteando que nuestras administraciones publicas aun no reaccionen, creando áreas especificas para trabajar en el diseño de nuestras ciudades que siguen armándose al ritmo de las voluntades espontaneas, proyectos diferentes al espíritu original o gestiones especulativas sobre el suelo urbano..
Arq. Jorge Bader - Matricula CAPBA 4015



