Cuando hablamos de planeamiento, estamos hablando de un área del poder público que diseña estrategias y políticas para transformar o pautar la calidad y el modo de vida de una comunidad.
Esto se traduce en dos acciones concretas:
-Una, la de diseño de esas políticas, los espacios urbano/sociales, las relaciones que vinculan esos espacios y las metodologías óptimas para viabilizar el funcionamiento social dentro de esas estructuras urbanas, y la confección de normativas para lograr esos fines.
La otra, la de aplicación de las normas derivadas del diseño urbano y las políticas públicas propuestas.
Es decir que hay un área de pensamiento social, ambiental, urbano dedicada al diseño de la ciudad y sus funciones, tal cual fue el espíritu de la ley de uso del suelo de la Provincia de Buenos Aires, 8912, aun vigente, y sus decretos reglamentarios. Esta ley mas allá de algunos aspectos normativos rígidos como los indicadores urbanísticos globales, sean estos el factor de ocupación del suelo, el factor de ocupación total, y la densidad de ocupación del espacio, deja un ámbito de acción muy importante para los municipios al asignarle la responsabilidad de la planificación proyectiva a través de la confección de un Plan Director urbano, y la creación de sus códigos particulares como reguladores de ese Plan Director.
En general se ha practicado un reduccionismo de la actividad de planificación urbana ya que los municipios en general se han dado por satisfechos con la promulgación de algunas normas, entre ellas los códigos de planeamiento. La creencia que esto resuelve los problemas de desarrollo de una ciudad es una falacia conceptual ya que la ciudad es un ente dinámico y los usos urbanos van cambiando y mutando según el desarrollo de cada actividad urbana, generando situaciones de tensión permanentes que mal pueden ser reguladas por normas estáticas consideradas perennes. El planeamiento de una ciudad es un continuo. Cuando alguien cree que cambiando las regulaciones con cierta regularidad se incurre en un error de criterio, comete una falacia conceptual ya que esas regulaciones deben ir mutando y adecuándose a la dinámica de desarrollo de la comunidad.
Por ello el Código local reconociendo la necesidad de una revisión conceptual permanente, incorporo a pedido de las entidades profesionales, el Concejo Urbano Ambiental u observatorio urbano, que debía ser un cuerpo colegiado para el debate de las movilidades urbanas y las mutaciones que ameriten una reglamentación más dinámica. Aquello que alguien llamo Observatorio Urbano, pensado al estilo chileno, como el ámbito de monitoreo permanente, se transformo a nivel local en una especie de cuerpo estático reunido a demanda del ejecutivo y no a requerimiento de la comunidad y en respuesta a sus necesidades reales. Cualquiera fuera su forma, es el ámbito de los consensos para generar reglamentaciones y promover acciones concretas y hoy es una carencia objetiva. El Concejo urbano, lejos de ser el ente cogestionado que se pretendía, con presupuesto propio para iniciar acciones de investigación urbana y proponer variantes a la normativa, se constituyo como una oficina municipal sin programa, ni convocatoria, con carácter consultivo no vinculante, en función de lo cual paso a ser un ente absolutamente inútil, sin fuerza ni proyecto, basado en el voluntarismo, que no pudo avanzar más allá de la catarsis de sus convocados.
Planeamiento desde su creación era el ámbito local para intervenir en proyectos urbanos, quien trataba de lograr una síntesis de las expectativas urbanas sectoriales y quien debía diseñar políticas territoriales. Nunca logramos que este ámbito desarrollara el plan director, que es nada más y nada menos que la síntesis de los ejes sobre los cuales se desarrolla la ciudad. El gran desafío que enfrenta esta gestión es redefinir el rol del Planeamiento como instrumento de la política territorial y perder el miedo al debate público del modelo de ciudad que pretendemos convocando definitivamente al Concejo Urbano Ambiental para instalar una agenda de planificación proyectiva. La ciudad sigue avanzando y la planificación es una deuda latente.
Arq. Jorge Bader - Matricula CAPBA 4015



