Es una obviedad plantear que la dispersión urbana es un modelo de desarrollo territorial que implica un costo accesorio importante en la economía urbana. Sea en infraestructura como en mantenimiento o seguridad la dispersión territorial es un enemigo de las eficiencias operativas. Implica una cuestión de planificación diferente a los modelos compactos de ciudad.
Esta discusión viene cruzando la historia del urbanismo. Desde los Congresos Internacionales de Arquitectura moderna se discuten las hipótesis de ciudades extendidas versus ciudades verticales. La economía del suelo urbano es un aspecto fundamental en el debate "expansión versus densificación", ya que se plantea como una de las principales razones de la pérdida de habitantes de los centros urbanos europeos.
La suburbanización por ejemplo en el caso de París, se debe en parte a la expulsión de las clases medias hacia los suburbios, debida a unas rentas urbanas inaccesibles para el alojamiento de esta población (Informe ADEME, nuevo milenio).
La gran ventaja de los espacios periféricos en todas las ciudades del mundo, tanto para la vivienda particular como para las empresas y las industrias, es no solamente el espacio, sino el espacio a un precio accesible. No estamos lejos de esta hipótesis.
Pero en todos los procesos de planificación esos territorios se conciben plenamente servidos por la infraestructura básica. En nuestro caso la categorización de las "periferias" esta signada por territorios privatizados (barrios cerrados o countries) donde se debe cumplir con parámetros de la Ley de uso del suelo y por ende se encuentran parcialmente o totalmente servidos y territorios degradados donde es difícil la solución de infraestructuras de servicios, que a la larga se retroalimentan en la degradación de la calidad de vida.
Paralelamente a esta cuestión, las cen-tralidades y las periferias privatizadas, son los ámbitos donde se aplican todos los cañones de la fiscalización en uso del suelo y el control de los parámetros urbanísticos del Código o la Ley 8912. En los barrios periféricos se agrava la situación porque existe una menor fiscalización y muchas de las viviendas no cumplen con los mínimos requisitos de habitabilidad lo cual converge aun más a la merma en la calidad de vida de esos territorios.
En alguna medida parte de esa cuestión surge de la aplicación dogmatica de un código que no respeta las individualidades de cada barrio. Nuestra planificación basada exclusivamente en parámetros cuantitativos desconoce las propiedades y los aspectos cualitativos de los modos de uso del suelo en los distintos barrios y sus identidades relativas.
Esto es una consecuencia del acade-micismo reglamentarista en que se incurre al tomar la responsabilidad del planeamiento en la función publica. En realidad y a ojos vista de la situación de la planificación local podría decir sin temor que no existe una actividad planificadora en el poder público local. Existe si una visión reglamentaria y se le adjudica al Código la responsabilidad de hacer la ciudad. Con todos los dislates que ello implica. Más grave aún, si consideramos que una vez hecho este código se considera casi la verdad revelada y sobre él se jura una fe ciega aplicando a rajatabla divagues como el requerimiento de cocheras en extremo, privilegiando el acopio de vehículos antes que la disponibilidad de espacios de habitación o alturas que nada tienen que ver con la realidad de los barrios, o las disponibilidades de infraestructura o los costos de los terrenos.
¿Si esto no es la "No Planificación" entonces cual es?
El temor en que incurren los dirigentes a abordar el debate territorial y la cuestión de la planificación física es intimidante, porque nos lleva a la desazón de suponer que mientras no llegue una dirigencia sensible a la cuestión y con la percepción real de la importancia que este tema tiene para nuestro futuro, estamos a la deriva condenados a que la ciudad sea lo que la suma de las individualidades quiera según su libre antojo y no el resultado de una programación basada en el debate creativo.
Es inútil que advierta que aunque se lo niegue, las transgresiones son moneda corriente porque el Código es una camisa de fuerza. En un mundo en el cual se discute la plusvalía territorial como punto de partida para la planificación consensuada entre el poder público y los intereses privados, donde las universidades han avanzado en la especialización de carreras sobre economías urbanas y donde los conceptos territoriales ya se han discutido desde múltiples ángulos, frente a una sociedad caracterizada por el fenómeno de urbanización sostenido, nosotros estamos en las antípodas mirando como las cosas pasan en un rumbo errático cada vez más complicado de ordenar.
No es nada complejo dar inicio a un proyecto urbano. Simplemente alcanza con abrir el juego del debate con los colegios profesionales afines, al menos para establecer una base programática previa a la discusión de las variables con los actores urbanos constituidos como los informantes clave de las múltiples visiones territoriales. Es solo cuestión de voluntad.
Arq. Jorge Bader - Matricula CAPBA 4015



