A partir de que el entonces candidato a la presidencia Mauricio Macri calificara como curro a los organismos de derechos humanos, quedó clara cuál sería su política respecto a la peor tragedia del siglo XX en nuestro país.
Ya en el gobierno, Cambiemos pretendió instalar utilizando al entonces Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y anteriormente Secretario de Cultura y Comunicación de la Nación de Fernando de la Rúa, Darío Lopérfido como vocero, que los desaparecidos no fueron 30.000, sino muchos menos pero la inmediata reacción de la sociedad pudo abortar ese propósito por más que distintos funcionarios siguen insistiendo en esa pretención negacionista, hasta ahora infructuosamente.
Esta permanente prédica que busca minimizar el atroz genocidio perpetrado contra nuestro pueblo pretende, entre otras cosas, sacar de las cárceles a los más sanguinarios autores de muertes, desapariciones, torturas y robo de bebés condenados por la justicia. Recordemos el proyecto de aplicación del 2x1 a los genocidas, el beneficio de la prisión domiciliaria a Miguel Echecolaz y más recientemente a Alfredo Astiz, también conocido como "El ángel de la muerte".
Estos intentos tienen varias explicaciones. Primero en la necesidad del sector de la sociedad que hoy está en el gobierno de evitar que se siga investigando y juzgando la participación activa de varios empresarios en los crímenes de lesa humanidad, en el apoyo permanente de la llamada "familia militar" al macrismo que tanto hizo para su triunfo electoral y en la utilización actual de las fuerzas de seguridad y en la previsible actuación de las fuerzas armadas en la represión de la protesta social que no deja de crecer ante las antipopulares políticas del gobierno de Cambiemos.
Sería un error creer que únicamente el gobierno está empeñado en esta tarea. En estos días se conoció que el colegio católico Francesco Faà Di Bruno del barrio de Palermo había contratado como maestra de 7º grado a Cecilia Pando figura emblemática que reivindica al terrorismo de estado, robo de bebés incluido, quién tuvo que ser destituida dos días después por el repudio de gremios de maestros y también de padres y madres de los alumnos.
Esta pretensión de reescribir la etapa de la dictadura cívico-militar que el pueblo repudia cada 24 de Marzo se enmarca en un deseo más amplio de modificar nuestra historia desde sus inicios. En este sentido deben interpretarse las referencias históricas de nuestro presidente, más allá de su evidente desconocimiento sobre el tema. Desde aquella mención ante el rey de España de la angustia que les debió provocar a nuestros próceres liberarse de la tutela española hasta la más reciente de atribuirle al presidente Rivadavia la repatriación de los restos del General José de San Martín cuando falleció 5 años antes que el libertador y de quién era recalcitrante enemigo, al punto tal de disolver el Regimiento de Granaderos a Caballo.
Lo primero tiene que ver con la manera que el gobierno entiende nuestra integración al mundo donde nos toca el papel de total sumisión y esta última con ensalzar a un presidente que dio el puntapié inicial a nuestro eterno endeudamiento externo.
Lo que se intenta desde Cambiemos es legitimar las aristas más oscuras de su política.
Por eso es imprescindible que continuemos exclamando una vez más, 30.000 desaparecido, presentes, ahora y siempre.



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