Siempre me quedan dando vueltas las palabras del Prólogo del Plan Estratégico Territorial lanzado por la Nación y convalidado en acciones particulares en cada provincia allá por el 2006. "Dos lineamientos atraviesan la concepción del Plan: el derecho de todos los habitantes del suelo argentino a tener garantizadas buenas condiciones para vivir y desarrollar sus actividades productivas con independencia de su lugar de residencia, y la necesidad de construir un Estado sólido capaz de anticiparse a las demandas de inversión en el territorio".
Esto que se llamó el Plan estratégico del bicentenario, proponía enmarcar la inversión pública a partir de la definición de una cartera de obras estratégicas que permitan ampliar y diversificar el mercado interno, nacional y regional, alcanzando equidad distributiva como respuesta de justicia social. Yo se y estoy cada día mas convencido que muchos de estos avances teóricos solo quedan en papeles muertos que duermen un sueño eterno en algún cajón de algún despacho perdido en un ministerio. Más allá de mi descreimiento creciente y mi desilusión vigente, no puedo dejar de valorar que estos esfuerzos al menos sientan un precedente que abona mi teoría que la gestión debe nutrirse de estos antecedentes.
Mi sorpresa viene cuando en cada cambio de gobierno históricamente tenemos que pagar una curva de aprendizaje donde todo esto queda aletargado u olvidado porque quienes vienen creen desde su percepción, que todo tiempo pasado fue peor. No puedo dejar de valorar la estructura metodológica de aquel plan, y sus propuestas de acción. "En el marco de la estructuración metodológica del Plan, se definieron tres componentes principales: un diagnóstico que diera cuenta del Modelo Actual, una proyección de Modelo Deseado y una Cartera de Proyectos de Infraestructura que contuviera obras estratégicas para concretar el pasaje entre el Modelo Actual y el Modelo Deseado. Estos elementos se aplicaron tanto en cada jurisdicción provincial como en la escala nacional, considerándose aspectos ambientales, económicos, sociales y de infraestructura". El Ministerio de Infraestructura de la Provincia de Buenos Aires acompañó esta iniciativa. Lamentablemente en muchos temas se quedó en la fase de diagnóstico, pero en algunos se llegó a la definición de obras estratégicas. Y esto es lo que me preocupa desde siempre. Cuando nos confrontamos al problema territorial urbano siempre cuestionamos la obsolescencia de estos estudios preexistentes y volvemos a reiniciar la necesidad de actualizar los contenidos del diagnóstico, con lo cual vivimos en una adolescencia permanente de diagnosis y autoconocimiento de nuestra realidad y nunca pasamos a la etapa de definiciones y concreciones objetivas.
El verdadero debate urbano hoy debiera centrarse en la cuestión de las obras estratégicas realmente necesarias para la satisfacción de aquellos objetivos territoriales previstos al menos en el prólogo teórico del Plan Nacional. Cuando veo que no se reúne el Concejo Urbano con el argumento, que no hay temas ingresados para su tratamiento, siento un cierto dolor y vuelvo a estas fuentes. No hay temas a tratar o no confrontamos los verdaderos temas de fondo que si se deben tratar. La ausencia de temas de coyuntura no es la ausencia de problemática urbana sino una simple evasiva frente al verdadero compromiso urbano ambiental. Temas para tratar sobran, voluntad de tratarlos, ¿quién lo sabe?.
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



