"La planificación urbana permite modernizar y gestionar las ciudades en forma sustentable y segura, evitando la generación de problemas ambientales y sociales para lograr un desarrollo sostenible".
La cita corresponde a un texto de planificación urbanística y ambiental de un tratado del año 1970 aproximadamente, cuyo autor es Rice Odell. Como decía una antigua publicidad "has recorrido un largo camino ya". Hace 31 años se popularizó el famoso discurso de la Primer Ministro Noruega, Gro Harlem Bruntland, titulado "Nuestro futuro común". Este informe también conocido como el informe Bruntland, ha sido reproducido hasta el cansancio como el paradigma de la alerta ambiental. Quiero hacer acá un análisis de otro ángulo de este informe, no desde lo que atañe al ambiente en cuanto a los aspectos naturales sino a lo que representa nuestra acción, sobre el espacio físico y nuestra responsabilidad consciente en la gestión del territorio, algo que los planificadores actuales han instalado en la agenda de debate sobre la nueva forma de hacer ciudad.
Hace unos años se viene planteando una crítica permanente y sostenida a los gestores de lo que hoy se llama ciudades inteligentes o Smart Cities. En este debate algunos teóricos sostienen que la soberbia de los habituales "gestores de la ciudad", o la "gerontocracia instaurada en la profesión", se nutre de falsos debates huecos, para vender una ciudad más tecnológica y por ende, más demandante de energía. Un modelo que fomenta mayor división de clases y mayor individualismo. Esto replantea aquella visión sobre la responsabilidad del urbanismo en esta cuestión ambiental como partícipe de la creación de ambientes habitables de calidad. La dicotomía esta planteada en la cuestión de saber si más inteligencia aplicada tecnológica a la gestión del modelo de ciudad implica necesariamente una mejor calidad de vida urbana y un mayor respeto sobre las variables ambientales.
La tecnología cambia o se agota y el ambiente perdura, y los daños infringidos pueden ser fatales. Este movimiento crítico del pensamiento ambiental urbano, se postula como una vuelta a las fuentes, no con el sello del criterio romántico con que habitualmente se pretende menoscabar la visión ambiental verde, sino con la voluntad de recuperar los valores esenciales de la vida urbana. El tema entonces pasa según esta doctrina creciente, por la recuperación de los espacios públicos, la reformulación de los espacios gregarios donde se manifiesta la vida urbana en su mayor esplendor, y la revalorización de los aspectos naturales que hacen a un territorio destacable o diferenciable. Y este no es un tema menor, ya que en ciudades como la nuestra lo que se busca según esta visión, es recuperar los ámbitos históricamente ignorados.
Nosotros hemos tenido una etapa donde nos subordinamos al modelo de desarrollo industrialista y donde la cuestión central fue la instalación de capacidad productiva. La ciudad era entonces y finalmente lo que queda como remanente de esa gestión. Según esta revisión ambiental urbana, haciendo entonces una interpretación local de esta visión moderna, hoy debiéramos estar discutiendo profundamente el modelo de recuperación de los espacios postergados, el río, el recorrido costero, el camino de la barranca hacia Otamendi, con sus sectores naturales, la generación de extensiones urbanas armoniosas con la naturaleza en sectores extraurbanos, y por qué no también el gran reservorio postergado del inmenso territorio isleño.
Sabemos que hay urbanidad y vida urbana, a pesar de los gestores de ciudad. Hemos aprendido de Lefebvre, el gran pensador y filósofo de la urbanidad moderna, que el derecho a la ciudad se conquista y se defiende en el día a día. Precisamente Lefebvre, nos ha dejado como legado que los habitantes urbanos tienen la capacidad de producir conscientemente, su espacio, y que la gestión territorial se ha basado en un avasallamiento de lo urbano sobre lo natural y agrario, generando profundos desequilibrios y grandes deudas sociales. La nueva visión tecnológica de la ciudad, actualmente criticada, da lugar a esta visión del equilibrio con los valores naturales, a recuperar. El nuevo escenario del debate local no debe dejar estos temas afuera. Otra asignatura pendiente de nuestro Concejo urbano.
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



