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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 12/abr/2020 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
Crisis y saneamiento
Por Arq. Jorge Bader




Jorge Bader

La semana pasada traté el tema en el aspecto biológico y su relación con las obras urbanas. Esta semana quería analizar el enfoque desde las obras sanitarias. Según el historiador Benévolo, las ciudades sufrieron fuertes cambios a partir de dos circunstancias particulares, la primera, el crecimiento poblacional desmedido y los conflictos como las epidemias derivadas de ese crecimiento, y la segunda las destrucciones masivas ocasionadas por las guerras.

Habitualmente cuando se habla de estos temas se hace mención concreta a Londres y París porque ambas son el ejemplo más paradigmático de las obras derivadas de epidemias de cólera, y las destrucciones de las conflagraciones mundiales.

Esta semana veremos el tema de Londres, sus obras de saneamiento y la historia del Ingeniero Bazalguette. Por el año 1800 prácticamente toda la vida se estructuraba en función del río y, precisamente el río, era el depositario natural de todas las aguas servidas que en general corrían por las acequias, en las calles y al alcance de la mano. Muchos barrios no tenían ni siquiera servicios sanitarios propios. Las urbanizaciones obreras, desarrolladas por los "Jerry Builders", proliferaban en pleno auge de la época de migraciones rurales a la ciudad con motivo de la industrialización creciente, y en esas casas paupérrimas, la inexistencia de locales sanitarios, hacía que la gente arrojara con baldes directamente sus necesidades a la calle.

Es bastante conocida la anécdota que ya comenté de la expresión "agua va", que era el grito que proferían las personas al momento de arrojar los líquidos para anticiparle a los ocasionales transeúntes la lluvia que venía, y prevenirlo para que tomara sus recaudos protegiéndose. Varios grabados de la época reflejan esta anécdota. A esto hay que agregarle las historias del libro "Dirty Old London", de Lee Jackson publicado por la Universidad de Harvard, una muy interesante crónica detallada de esa época que expresa que en Londres, había aproximadamente 300.000 caballos y esto producía 1,000 toneladas de estiércol por día. Esto había dado lugar a un horrible trabajo infantil, ya que se empleaban niños de 12 a 14 años para que, esquivando el tráfico, intentaran recoger el excremento tan pronto como este se generaba. Esta situación fue la responsable de un desastre sanitario con una saturación del Río Támesis que finalmente se fue transformando en una gran cloaca a cielo abierto.

Por otro lado, también resultaba muy complejo el desagote de los innumerables pozos negros, cuyo costo de mantenimiento no podía ser absorbido por gran parte de la población, de modo que también y aun teniendo este servicio, las aguas residuales se volcaban igualmente a la calle. Sumado a esto la falta de coordinación entre las ubicaciones de los pozos absorbentes y las tomas de agua hacía que gran parte de las aguas de consumo terminaran contaminadas y aparecieran múltiples enfermedades.

Hacia el año 1800 en un verano extremadamente cálido y húmedo para Londres se produjo un fenómeno de saturación y la putrefacción generó un olor insoportable. Se lo conoce históricamente como "El gran Hedor". La combinación de los desechos, las ratas, y los trabajos insalubres en condiciones de higiene deficitarias fueron un cóctel fatal.

La epidemia de cólera fue el detonante para que se diera inicio al primer esfuerzo organizado de planificación urbanística, sanitaria y ambiental, liderada en lo sanitario por el ingeniero Joseph William Bazalguette. Este profesional diseñó una red de desagües enterrados. Su proyecto fue muy criticado en ese tiempo porque planteó la disyuntiva que se da siempre en las obras públicas, resolver la coyuntura con algo que nos saque del paso rápido o hacer aquello con el suficiente sustento y por supuesto lo suficientemente más caro como para que dure por los siglos. Y esa fue la decisión de Bazalguette, que a la luz de los hechos fue la decisión más correcta. Optó por hacer unos túneles revestidos con ladrillos de una dimensión extraordinaria para esa época, llevando un sistema de ciudad medieval a la modernidad del siglo XIX en la ciudad, por lejos, más grande del mundo de aquellos tiempos con 2,5 millones de habitantes. 22.000 trabajadores utilizaron 318 millones de ladrillos, 670 000 metros cúbicos de cemento y se excavaron 2,7 millones de metros cúbicos de tierra. El proyecto consistía en la construcción de seis interceptores mayores, de 132 km de longitud, que recogían el flujo de 720 km de colectores. Usó una mezcla especial formulada por él para poder trabajar en ambientes húmedos y tuvo que hacer varias estaciones de bombeo porque los niveles no le permitían descargar normalmente al Támesis. Obviamente lo que le preocupaba al gobierno en esa época era sacar las aguas servidas de la ciudad. No había un tratamiento y por lógica todo terminaba en la cloaca mayor que era el propio Río Támesis.

Las obras de tratamiento fueron muy posteriores. La obra tardó en completarse casi 30 años así que las consecuencias de semejante nivel de contaminación persistieron durante muchos años aún. El bueno de Bazalguette dedicó su vida a esta obra, con fervor casi obsesivo, y es recordado aún el día de hoy donde las obras de tratamiento de aguas residuales y el saneamiento del Támesis, son un ejemplo de ingeniería, y aquellos colectores aún están en funcionamiento, o han servido para adaptar nuevas canalizaciones. A pesar de su comportamiento dedicado al trabajo, no escatimó tiempo para atender su vida personal ya que tuvo 6 hijos y 4 hijas. Así que, a la luz de los hechos y parafraseando a García Márquez, en su casa no faltó el amor en los tiempos del cólera. Fue nombrado con el título nobiliario de "Sir" en 1875 y obviamente hay un monumento en su memoria, en la zona del terraplén victoria en el centro de Londres.

El cólera fue una de las pandemias que movilizó a los gobernantes a repensar la planificación, encarar obras únicas y modificar las pautas de vida urbana. Quizás esta pandemia que nos toca sobrellevar, sea el punto de partida para la revisión de nuestra circunstancia.


Bazalguette optó por hacer unos túneles revestidos con ladrillos de una dimensión extraordinaria para esa época.


Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015


 
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