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jueves, 14/may/2026 - 07:29
 
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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 31/may/2020 de La Auténtica Defensa.

Francisco Álvarez Campana
Por Arq. Jorge Bader




Jorge Bader

Estos últimos tiempos, quizás por la cuestión del aislamiento o por la intensidad de los vínculos virtuales, me he encontrado con reiteradas preguntas sobre nuestros orígenes. Y mi observación es que en muchos casos se tienen ideas fragmentarias sobre nuestra ciudad y su historia.

Yo me concentro habitualmente en los problemas del Campana de hoy, con su estructura urbana y productiva, pero estaría bien sin ánimo de disputar el lugar de los historiadores, recordar algunas cuestiones de nuestros inicios territoriales. Eso muchas veces nos ayuda a interpretar el porqué de la realidad actual, la conformación de nuestro suelo y su distribución.

Casualmente envié una colaboración sobre algunos temas de la pandemia y el urbanismo a un canal de televisión del interior que se interesó en mi punto de vista y lo primero que surgió como inquietud, al margen del objeto del artículo que mandé, fue el nombre de nuestra ciudad y su origen. Quizás sea un tema harto conocido para muchos, pero ignorado para otros.

Hay un artículo muy simpático y plagado de referencias coloquiales publicado en "Caras y Caretas" escrita por el periodista Juan José de Soiza Reylli, que analiza la situación del origen de nuestra ciudad y su nombre, haciendo referencia a Campana como la "Manchester Argentina" por su potencial industrial. De Soiza Reilly fue un periodista y escritor muy pintoresco, quién vivió entre los años 1879 y 1959, que logro fama por su capacidad improvisadora. Tuvo una participación en la radio donde hacía análisis históricos, comentarios literarios, notas de color, y terminaba su intervención con un cierre que se había hecho popular, "¡se pasó mi cuarto de hora!" y "¡arriba corazones!", solía decir alternativamente.

Creo que por el año 1932 o 1933, no tengo la fecha exacta, le dedicó este artículo a la ciudad de Campana, donde puso de manifiesto una duda que alguna vez al parecer anduvo rondando respecto del nombre de la ciudad. Dice en ese artículo que una fuente refiere, el nombre como "homenaje al Doctor Joaquín Campana, que, habiendo nacido en la República Oriental, tomó parte del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810". Pero rápidamente en el próximo párrafo ya se desdice de esta suposición aseverando que mucho antes del 1783, año del nacimiento del citado doctor, esta zona ya se conocía con el nombre de Rincón de Campana. Y se corrige aclarando, "la investigación me ha sido fácil, porque la familia Costa tuvo la gentileza de confiarme los títulos de propiedad y allí consta la historia de estas tierras".

Como es sabido en esas épocas las escrituras eran un manifiesto histórico de los sucesivos pasos que trasladaban un dominio. Esteban Lomez y su hijo el presbítero Miguel Jerónimo Lomez habían adquirido el predio por la compra a Teodora Martínez de Saravia y que posteriormente le venden a Francisco Álvarez Campana. La operación inmobiliaria según algunas referencias históricas publicadas en el libro "Reseñas" del Instituto Agrario Argentino tuvo algunos ribetes no tan claros, y no menos complejos, ya que la cesión de los derechos de propiedad devino posteriormente a una ejecución de un préstamo que le hubieran acreditado Campana y Nicolás del Valle a los Lomez, para la compra anterior. Al parecer se trataba de una superficie considerable, recuerdo haber leído y escuchado en alguna conferencia a Oscar Trujillo hablar de casi 5000 hectáreas de superficie. En la escritura consta que tenía una longitud de 6000 varas sobre el río Paraná. La vara de Burgos era una unidad de medida hispánica, equivalente a tres pies. Esto era algo así como casi 28 centímetros el pie y unos 83,6 centímetros la vara. Pero la vara castellana, que posteriormente se adoptó en Argentina para la medición de los lotes, tenía casi 87 centímetros, 86,60 más precisamente. O sea que según el criterio variable adoptado hablamos de unos 5000 a 5220 metros sobre el río. Dejemos estas precisiones para los investigadores, más allá de estas disquisiciones cuantitativas, este territorio identificado como Cañada de la Cruz en las escrituras, se empieza a conocer como "Rincón de Campana" a partir de esa venta.

Don Francisco Álvarez Campana, era un español emprendedor que tenía también propiedades en la zona de la Matanza o el Riacñññhuelo donde había instalado una curtiembre. En este paraje se dedicaba a la explotación ganadera. Nuestro territorio había tenido su origen en una licencia de explotación para la caza del ganado cimarrón. Ese permiso original había concesionado la explotación en Luis del Águila, por los alrededores del 1660. En esa crónica del Instituto Agrario a la que he referido antes, se hace mención a una puja mantenida por el Teniente Luis del Águila con el Capitán Francisco Maciel por la provisión de ganado para abastecer el consumo en la ciudad de Buenos Aires. Así que el destino de explotación agropecuaria que nos da origen, desde el inicio de los tiempos, pasa por varias manos hasta llegar a Don Francisco Álvarez Campana, quien indudablemente debe haber generado alguna impronta fuerte en la explotación para que sobreviviera su nombre como identificador local y no el de sus antecesores o predecesores en la propiedad de la tierra.

Campana era un señor socialmente reconocido, dueño de una gran fortuna y con proyección social quien con el producido de sus actividades comerciales sostenía algunas obras de caridad, entre las que se contaban el Hogar de Niñas Huérfanas y un Hospital de mujeres. También tenía una activa intervención pública en la política. Por los avatares de la vida se vio involucrado en algunos escándalos e imputaciones vinculadas a cuestiones revolucionarias y derivado de esto fue enjuiciado fue a parar a la cárcel.

En la crónica de Soiza Reilly dice que Francisco Campana era "un español airoso y levantisco", que en 1803 fue acusado de conspiración, llevado a España para su juzgamiento, devuelto a Buenos Aires para su encarcelamiento, encerrado en un calabozo del Cabildo, y finalmente muerto por las penurias sufridas. Cuenta de Soiza Reilly, que Don Luis Costa, al narrar la historia a sus hijas, terminaba diciendo. -"Lo sacaron de la cárcel para el cementerio, tendido en un cuero de vaca". Dejó un territorio cuyas ventas en remates posteriores generaron una fortuna que él no llegó a disfrutar, pero nos quedó su nombre como identificador local acotado a su apellido sintetizado ya que quizás, en honor a la verdad, debiéramos llamarnos "Álvarez Campana" para que no se produzca ninguna confusión con la campana como instrumento y se referencie realmente el apellido del antiguo propietario de las tierras.


Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015


 
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