Una ciudad es sin duda la multiplicidad de interacciones que se producen en ella, la presencia humana, y la dinámica cotidiana en un espacio físico.
La pandemia puso en evidencia muchos aspectos críticos de la vida en la ciudad. En principio apareció el silencio. Ni tráfico intenso, ni murmullos sociales, ni conglomerados humanos. También llegó el temor al otro y el distanciamiento obligado. No hubo embotellamientos de tránsito ni horas pico, ni concentraciones en edificios bancarios y a la vuelta de la gente en la calle aparecimos enmascarados y en algunos casos escondidos detrás de una pantalla acrílica. ¿Cuál es la nueva ciudad y su nueva vida urbana si aquella que conocimos ha desaparecido?
Otras realidades también han aparecido, enfermedades sociales derivadas del encierro en espacios que no están diseñados para estar permanentemente, sino para transitar en forma utilitaria. Los departamentos urbanos mínimos, nos han permitido reflexionar sobre la dimensión real de nuestros espacios vitales, las alturas interiores que seguramente son reglamentarias, pero en la continuidad del encierro se transforman en infinitamente pequeñas. Probablemente el tiempo de encierro también ha agudizado nuestras percepciones. El diseño urbano decididamente afecta nuestra salud mental.
Cuando se diseñó Brasilia, con espacios abiertos de escala monumental, la referencia humana ausente provocó un éxodo de esos espacios que nunca se vieron apropiados por las multitudes, ni disfrutados como lugares de interacción social. Las ciudades diseñadas para el movimiento en automóvil, han sido las responsables de la mayor cantidad de crisis y anomias.
Los neurocientíficos del Massachussets Institute of Technology) (MIT), publicaron un estudio que determina que las interacciones sociales son tan importantes como la alimentación y que los individuos buscan los espacios gregarios donde se produce necesariamente interacción y concentración humana, fenómeno exactamente opuesto a esta segregación social necesaria por el distanciamiento obligatorio. La pregunta básica de ese estudio era, por qué se prefería tomar una bebida en un bar, cuando en cuanto a costo y calidad se podía tomar lo mismo en casa, y la respuesta no tuvo nada que ver con la calidad de la bebida sino con la oportunidad de encuentro y conversación, o la simple observación de las conductas ajenas. Hecho que solo viene a confirmar que el individuo humano genéricamente hablando, es un ser social.
Lo interesante acá y algo que ya está apareciendo como una discusión en los foros universitarios sobre planificación urbana es que los espacios públicos pensados originalmente para la expansión y recreación, hoy se revalorizan como el lugar para encontrarse en el distanciamiento, lo cual está generando un nuevo pensamiento sobre el equipamiento urbano, para estar y no solo para pasar o mirar. No podemos ignorar que las ciudades modernas se reformularon en el Siglo 19 con la intención de mejorar la ventilación urbana, la circulación fluida, el combate del hacinamiento y la proliferación de vectores biológicos.
París que ha sido un ejemplo urbanístico está poniendo en funcionamiento lo que llaman la ciudad en 15 minutos, alentando la generación del comercio de cercanías, en oposición a los mega centros comerciales, de modo de garantizar un flujo de movimientos a pie en cortas distancias con mejor control sanitario y menos presión sobre los transportes urbanos. Otras ciudades ya han impuesto un mayor nivel de automatización en puertas de acceso a edificios públicos, comandos por voz para ascensores y sistemas de higiene En el mismo sentido Milán, está trabajando sobre el ensanche de veredas peatonales y la generación de 35 kilómetros de ciclovías.
Muchos países están acelerando la inversión en reconversión tecnológica a la luz de que el tráfico global por medios virtuales ha crecido exponen-cialmente en algunos países a una tasa superior al 35% del máximo histórico. El crecimiento de la población global no está asociado a la dispersión urbana sino a la concentración humana. En paralelo a estas corrientes de re funcionalización de las ciudades hay un conjunto de urbanistas que plantean la hipótesis de pensar en sub centros urbanos distantes, rediseñados en función de una relación mayor con la naturaleza y con una alta tecnificación, aprovechando la fuerte evolución hacia el mercado virtual y el home office.
Cualquiera fuere la solución posible lo cierto es que la imaginación está desbordando en este ejercicio de repensar la ciudad y la vida misma.
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



