La cuestión de la sustentabilidad en los edificios es un desafío de la época moderna.
Una definición aceptada establece que "un edificio sustentable es aquel cuyo diseño, incluyendo sus métodos constructivos- reduce de manera significativa el impacto negativo sobre la naturaleza y las personas".
Esta definición hace referencia a los consumos racionales: el uso de aguas recuperadas, la selección de materiales, la aplicación de tecnologías amigables y la utilización de equipamientos energéticos basados en energías renovables, entre otras estrategias.
Los aspectos técnicos que de alguna forman pautan o regulan este tema surgen de la aplicación de lo que se conoce como el sistema LEED, que es nada más que la sigla en inglés de la "Leadership in Energy and Environmental Design elaborado por el Concejo edilicio verde de Estados Unidos. Los distintos grados de evolución según estos indicadores dan categorías a los edificios evaluados y esto permite premiar a estos edificios con distintas ventajas".
En nuestro país los pocos edificios certificados se encuentran en general en la Capital Federal. Muchos de esos edificios son corporativos y pertenecen a multinacionales que ya tienen incorporado su modo de hacer en función de las prerrogativas ambientales y de responsabilidad social propia de sus casas centrales.
La aplicación de estos nuevos criterios en el diseño edilicio, no solo se relacionan con las ventajas ambientales, sino también con el impacto económico objetivo. La reducción de los consumos energéticos puede ser altamente significativa, y el costo operativo de los edificios redunda en una economía para sus habitantes. Alemania, según sus estudios estadísticos, revela haber disminuido el costo energético global de los consumos urbanos en un 30% aun no habiendo logrado el total de aplicación de nuevas tecnologías amigables con el medio, en el total de su territorio. Sin embargo, con la aplicación de nuevas normativas de colectores solares y generación de energías renovables ha logrado una caída sustancial de los consumos en edificios de oficinas, edificios corporativos y edificios de viviendas multifamiliares.
Los mal llamados "edificios verdes" en realidad son una nueva estrategia de ataque a la racionalización funcional y la economía global en la lucha por la disminución de los consumos energéticos.
Esta visión produce una coincidencia, entre el interés global de preservación del mundo que tenemos y la reducción de las presiones sobre las economías individuales. Planteado desde este ángulo la cuestión de la reformulación de la construcción con nuevas tecnologías amigables con el ambiente, es un acuerdo "Ganar-Ganar".
Las estrategias son múltiples y obligan a varias revisiones del diseño tradicional. Algunas de las propuestas no son novedosas y no necesariamente dependen de la aplicación de nuevas tecnologías, sino que son simplemente la aplicación de propuestas constructivas ya difundidas en Europa en las décadas del 30 al 50, como por ejemplo las terrazas verdes como aislación adicional para bajar la carga térmica del edificio y por ende lograr un acondicionamiento pasivo con la consecuente disminución de los consumos de acondicionamiento térmico.
En la web de AGDC una organización no gubernamental dedicada a la investigación de los temas ambientales cuyo Director es el Arquitecto Guillermo Simon-Padrós, publican, "En la Argentina existen programas de promoción, aunque es poca la legislación. En la Ciudad de Buenos Aires rige la Ley 4428 que prevé rebajas de hasta un 20% de descuento en el ABL que se paga por los espacios comunes -no por los departamentos- a aquellos edificios que construyan terrazas verdes. Se trata de colocar en azoteas pasto y plantas, lo que trae beneficios tanto para el inmueble como para el resto de la sociedad: mejoran el rendimiento térmico de los edificios, prolongan la vida útil de los techos, reducen el nivel de dióxido de carbono, contribuyen a disminuir la temperatura de la ciudad, y absorben agua de lluvia, con lo que ayudan a evitar inundaciones. Aunque no está demasiado extendido, en otros países se implementan exenciones impositivas o bonificaciones en créditos para este tipo de construcciones".
La difusión de sistemas de iluminación natural a través de los tubos pulidos con condensadores y concentradores de los rayos solares ha sido largamente estudiada y en Estados unidos se ha demostrado que esa eficiencia lumínica natural redundó en un incremento de la productividad en un 15%, comparativamente con los ambientes laborales iluminados en forma artificial.
Estas lecturas econométricas no solo tienen que ver con los resultados medidos en términos de productividad sino también en el sentido del confort ambiental y la relación del usuario con su espacio físico de pertenencia. Además de la reducción de un casi 50% la necesidad de iluminación artificial.
Es decir que este criterio de diseño naturalmente amigable representa una ventaja económica, ambiental y humana desde el confort y la satisfacción personal.
Estas visiones se deben conjugar con una política de premios desde el sector público ya que este pareciera ser el motor inicial de esta motivación. Alemania impuso las ventajas ambientales en el diseño urbano a partir de una reducción de las tasas sobre los edificios "verdes". Hoy la brecha ya no es significativa porque la sociedad ha entendido las ventajas implícitas en las reducciones de costos operativos de estas propuestas de diseño.
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



