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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 24/ene/2021 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
Dualidad y confusión
Por Arq. Jorge Bader




Jorge Bader

Del desarrollo sustentable al desarrollo sostenible.

Parece una simple diferencia semántica pero los organismos internacionales le han dado una significación diferente. El Desarrollo Sustentable, es muy referenciado y me atrevería a decir definido, por el Banco Interamericano de Desarrollo (identificado con la sigla BID), enfocado preferentemente en los recursos naturales, los ambientes originales y el entorno. Una visión de estos sectores, está cruzada no solo por la importancia ambiental sino también por su relevancia económica. Y en este punto la sustentabilidad hace una digresión no menor: Preservación y garantía de sustentabilidad no es necesariamente inmovilización de ambientes.

Tanto el BID, antes citado, como el área ambiental de la Comisión Económica para América Latina, organismo dependiente de las Naciones unidas (identificado con la sigla CEPAL) desarrollan una visión de preservación con cuidado de las explotaciones que sobre el ambiente pudieran o debieran llevarse a cabo. El espíritu es el de cuidado responsable y desarrollo económico equitativo.

Ahora bien, el concepto de desarrollo sostenible que es el tema central de estudio del Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible, (Identificado con la sigla IISD), se concentra en el análisis de las acciones sobre el medio, en la certeza que el hombre, el desarrollo, y la multiplicación de recursos son centrales para la evolución de la comunidad, y sobre esa base sienta principios de conducta sobre el ambiente de modo que las acciones actuales en beneficio momentáneo de la sociedad actual no comprometa a las generaciones futuras. Esta visión más asentada en el tiempo y la continuidad histórica es la que prima al momento de plantear intervenciones sobre ambientes naturales. Son los autores del concepto: "Para lograr que los conflictos relativos al medio ambiente y al desarrollo económico, social y cultural se puedan solucionar -logrando un avance ecuánime, es necesario hacer consciencia con los sectores involucrados".

Esto no representa una visión romántica ni reduccionista de la educación ambiental como base de las acciones posibles, sino una suerte de pacto social entre los distintos sectores y las distintas visiones sobre el ambiente.

En la décimosegunda convención del RAMSAR, que es la convención internacional sobre humedales de relevancia mundial, el Canciller uruguayo, en aquel momento, por el año 2015, manifestó que mientras la población del mundo demanda cada vez más alimentos y mejor nutrición, por otra parte, el planeta reclama cada vez más cuidados. "Esta ecuación solo cierra si la producción es sostenible, mediante un uso racional de los recursos naturales".

Esta afirmación dio lugar al eje de debate, sobre el cual escribí hace un tiempo, enfocándome en el concepto de la antropización sustentable, es decir la presencia del hombre y las acciones humanas sobre los entornos naturales con criterio de cuidado, y preservación, pero con un enfoque mixto donde lo natural no se avasalla, pero tampoco se excluye al hombre y sus actividades sobre ese espacio.

Quizás con un ejemplo se pueda interpretar mejor la teoría subyacente. Muchos humedales son fuente de recursos alimenticios como el caso de las inmensas plantaciones de arroz asiáticas, y esto es fundamental para la alimentación de millones de personas y una fuente central del desarrollo económico de muchos países. Sin embargo, no puede decirse que esas acciones no hayan resultado sustentables en el tiempo. Los arrozales de Bali son ahora además de una explotación primaria central en la economía del país, un atractivo turístico. La adaptación adicional de la explotación económica, devenida también en una fuente de recursos adicionales a través del turismo es una revisión de este concepto de sustentabilidad. Y las ventajas del humedal siguen prácticamente intactas desde hace cientos de años. En el otro extremo de esta producción primaria podríamos analizar el caso de la península de la Florida, donde coexisten en cercanía actividades de reservas naturales extensas con el centro espacial más conocido, Cabo Cañaveral. Sin embargo, una explotación conjunta se ha manifestado como posible y ha logrado algún equilibrio entre intereses tan contrapuestos. Quiero terminar esta reflexión recordando los principios originarios del RAMSAR enunciados en el año 1990 hace ya unos cuantos años atrás.

En 1990 las Partes Contratantes adoptaron las Directrices para la aplicación del concepto de uso racional, que hicieron hincapié en la importancia de:

1) Adoptar políticas nacionales de humedales, bien de forma independiente o bien como componentes de otras iniciativas más amplias como planes de acción nacionales para el medio ambiente;

2) Elaborar programas que comprendan el inventario, monitoreo, investigación, formación, educación y concienciación del público en relación con los humedales;

3) Formular planes integrados de manejo en sitios de humedales.

Por último estos conceptos siguen vigentes, y ahora que se habla frecuentemente de la ley de humedales, es bueno recordar, el concepto con el cual empecé esta nota: "Preservación y garantía de sustentabilidad no es necesariamente inmovilización de ambientes".


Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015


 
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