El domingo pasado comencé una tarea que tiende a demostrar el potencial productivo que el Sector Islas de Campana puede aportar para el desarrollo de una ciudad que, contrariamente a lo necesario, vive de espaldas a un río grandioso. Un río que permite que grandes barcos se muevan sobre él llevando y trayendo productos, y que tras miles de años de aporte sedimentario ha formado tierras insulares muy especiales y únicas, como pocas en el mundo.
El hombre, desde tiempos muy lejanos ha habitado estas tierras, atraído por las posibilidades de supervivencia que su riqueza natural puede aportarle. Primero sus animales salvajes sirvieron de alimento. Con el tiempo aprendió a modificar lo que la naturaleza le brindaba y transformarlo para diversos usos. Ya a fines del siglo diecinueve descubrió la fertilidad de la tierra y comenzó a realizar siembras intensivas.
Pero ciclicamente, el poderoso e inmanejable río supera los niveles medios y arrastra el producto de estas transformaciones logradas, provocando desazón a sus habitantes y volviendo a fojas cero el trabajo de muchos años.
Desde no hace mucho tiempo, el hombre se ha atrevido a enfrentar a ese río, para que este no se lleve lo que tanto esfuerzo le ha costado. Lo ha hecho levantando los perímetros de sus terrenos, para que este río no pueda invadir los sectores bajos. Pero a la vez, atraves de un sistema de compuertas, maneja el agua que la lluvia aporta al terreno desde arriba.
Hasta el momento, estas obras estan dando resultado, aunque uno nunca sabe hasta cuando el rio se dejará ganar. Mientras tanto, esta estrategia ha podido hacer de tierras inundables campos productivos casi (y esto es un verdadero riesgo mio) al cien por ciento de sus posibilidades. Más todavía si a eso le sumamos obras como la electrificación y los caminos que han cambiado hasta los hábitos sociales de un habitante que solo se comunicaba a traves de los cauces de los canales y los rios, y que hoy entran y salen de sus quintas con vehículos.
Este domingo, además de mostrarles como el hombre se ha abierto paso a traves de los años en este sector del Delta, con mucho esfuerzo y trabajo y como algunos han podido progresar más que otros; la importancia mayor de esta parte documental es compartir con usted lector, que "el Delta esta vivo" y que hoy mucha gente hace lo que el río viene haciendo todo el tiempo: aporta su granito de arena para mejorar las bases de sustentación del futuro. Porque encontramos escuelas muy bien equipadas, en lo material y humanamente hablando; descubrimos que hay gente que mantiene lineas de transporte que amén de manejar el aspecto comercial, realizan una tarea humanitaria inigualable: me refiero a las lanchas El Jilguero y Galofré. Veremos grandes emprendimientos comerciales que se nutren de materia prima del Delta, pero quizás lo más importante es que vimos muchos niños concurriendo a diario a esas escuelas a instruirse y prepararse para un mañana mejor, que yo creo no debería estar lejos.
Finalmente, me gustaría terminar este editorial liberando mi imaginación y contándoles lo que potencialmente esperaría suceda en el futuro:
Imagino un puente a la altura del Camino Islas Malvinas (el que une la Estación Otamendi del Ferrocarril con el Rio Paraná) que cruce el Río y se una a la Ruta Provincial 90 que se encuentra del otro lado. Una ruta que hoy, entoscada en casi todo su trayecto, se interna 25 kilómetros hasta llegar al Partido de San Fernando. Pero yo me imagino esto totalmente asfaltado, y con carteles a la vera de esta ruta que digan: "PALMIRA - URUGUAY, 96 km.", y que podamos unir con pequeños puentes y un puente de mayor magnitud al final las ciudades de Campana - Palmira, a traves de una ruta de tan solo 108 kilómetros. Esa sería la ruta del progreso, que generaría miles y miles de puestos de trabajo.
Según gente, soñadora como yo, esta obra costaría alrededor de 400 millones de dólares. Muy poco, si tenemos en cuenta que el tan promocionado puente Punta Lara - Colonia tiene un presupuesto primario de unos 1.500 millones de dólares y que los estudios previos ya han superado los 30 millones.
Y aún este presupuesto se puede reducir, obviando otro puente sobre el Paraná de las Palmas y utilizando el primer puente del complejo Zárate - Brazo Largo. Desde allí un camino que se uniera a la ruta 90, con un puente sobre el canal Alem a la altura del Blondeau, siguiendo el trazado del camino "Ricardo Castañaga", que comienza a la altura del kilómetro 101 de la ruta nacional Nro. 12.
La Ruta Provincial 90 que une el Paraná con el Carabelas, y la electrificación acompañándola, resumen el progreso en el Sector Islas de Campana.
Quizás este futurismo se torne realidad, cuando las obras se hagan a medida de la gente y no para cerrar negocios para algunos pocos.
Fernando R. Andrioli



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