Un día como tantos otros, el Jefe del Taller Vías y Obras de Campana, Victor Capusso, estaba desarrollando su tarea habitual en su oficina.
Por su experiencia de más de 30 años (en ese entonces) dentro del Ferrocarril sabía distinguir a la distancia por el sonido que desarrollaba, cuál era la formación que se acercaba; y las de transporte de carga le eran inconfundible.
Ese día, levantó la vista para ver pasar una como tantas formaciones cargadas con chatarra que terminaban en las bocas de los hornos de Dalmine Siderca, chatarra de diverso y variado origen. Pero esa vez, algo le llamó poderosamente la atención.
Arriba, sobre uno de los vagones y en medio de hierros viejos y oxidados, yacía lo que para él era un tesoro, un diamante ferroviario. Una máquina de pequeñas dimensiones y de características muy particulares iba a ser parte de la fundición que los hornos eléctricos de Dálmine, vendida por Ferrocarriles Argentinos como material en deshuso.
No lo podía creer, por su cuerpo corría una tensión y sabía que debía hacer algo para detener semejante atropello. Quien podría haber sido el "incapaz" de enviar esa reliquia a fundir. Poco tardó en tomar la decisión de llamar a uno de los tantos amigos que trabajaban en la empresa de tubos, para decirles que tenían que hablar ya sobre el tema.
Casualmente, ese día, visitaba Campana el Gerente de la Linea General Mitre, Sr. Natalio D. Viola, que además era un profundo amigo de Capusso y vivía además en Campana. Nunca fue más propicia su visita, pocos minutos tardaron para estar en la Dálmine Capusso y Viola, para conversar de cómo podían hacer para que esa máquina no fuese fundida, sino por el contrario, entregada a los talleres de Campana.
No hubo demasiados problemas, Capusso que siempre se destacó por ser un hombre práctico y de dar soluciones a los problemas, le sugirió a la gerencia de Dálmine: "Yo les entrego el mismo peso de la locomotora en vías y se acabó el problema, la "maquinita" me la llevo".
Y así fue como "la maquinita" se salvó de ser "cocinada" en una colada. Una locomotora de 70 cm. de trocha, que había sido utilizada en las canteras de Alta Gracia (Córdoba) para bajar la piedra que ocasionaban las explosiones. Era una trocha especial, ya que era menor que la trocha angosta.
En los talleres de Campana fue restaurada y puesta en marcha. La inauguración de la "Ciudad de los Niños" en La Plata la tuvo como atracción y fue utilizada para tirar unos vagones que recorrian el predio. Años más tarde también estuvo presente en la primera Fiesta Nacional de la Flor, haciendo lo propio.
Desde hace años yace en el patio de los Talleres, justo frente al ingreso de la Estación hacia las oficinas, y hoy se está deteriorando producto de la falta de mantenimiento (pintura).
Si bien fue pedida a traves del Municipio de Campana para el Museo Ferroviario, la ONABE no ha resuelto (y parece ser que no tiene mucha intención de hacerlo) la cesión al Patrimonio Municipal. Igualmente, las tramitaciones se mantienen.
Mientras tanto, sola, espera su suerte.



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